SANTO TOMÁS DE AQUINO y LOS SALMOS
Disertación presentada el 21 de abril de 2026 en las Jornadas Bíblicas del Seminario San Vitaliano Papa en Montefiascone (VT), Italia. Esta es solo la primera parte de dicha exposición.
Introducción. Definición
El Libro de los Salmos (en hebreo «alabanzas») es un escrito inspirado por Dios y forma parte de los libros de la Sagrada Escritura, concretamente del Antiguo Testamento. Se clasifica entre los libros sapienciales. El Salterio es una colección de 150 composiciones poéticas, redactadas a modo de oración o de enseñanza, y cada salmo constituye el testimonio de una relación viva y profunda con Dios[i].
En la primera parte de este trabajo veremos algunos principios relativos a la naturaleza de la exégesis tomista. En la segunda parte analizaremos el tema del sacerdocio de Cristo en el comentario a los Salmos del Doctor Angélico.
I. LOS SALMOS Y LA EXÉGESIS DE SANTO TOMÁS
- Descripción del Comentario a) La exégesis tomista
En los últimos años se observa entre los investigadores un creciente interés por la herencia bíblica de Santo Tomás de Aquino, quien durante mucho tiempo fue identificado casi exclusivamente con sus grandes obras dogmáticas, como la Summa Theologiae o la Summa contra Gentiles[ii], y presentado como un pensador «repetitivo» (es decir, alguien que dominaba perfectamente el método escolástico de las disputas)[iii], pero poco bíblico.
Sin embargo, en sus comentarios bíblicos revela su verdadero rostro: el de un teólogo preocupado por el crecimiento espiritual de los lectores de la Palabra de Dios, mostrando la eficacia de los datos de la Revelación[iv]. La exégesis tomista de los libros del Antiguo Testamento sigue siendo, en general, poco conocida. Por ello, uno de los objetivos de esta Jornada Bíblica es poner de manifiesto la dimensión exegética de Santo Tomás, donde se aprecia su admirable capacidad para descubrir el misterio de Jesucristo en el amplio contexto de la historia de la salvación[v].
b) Contexto histórico del Comentario
Autor. Entre las obras de Santo Tomás de Aquino, el Comentario a los Salmos constituye una reportatio, es decir, unos apuntes tomados durante las lecciones del Aquinate, probablemente recopilados por Reginaldo de Piperno. Posteriormente fueron publicados y sirvieron de base para todas las copias posteriores, aunque nunca fueron revisados por el propio maestro. Por tanto, no se trata de un texto escrito o dictado directamente por Santo Tomás.
Fecha. Tradicionalmente se admite que la Postilla Super Psalmos pertenece a la última etapa de la vida de Aquino, entre octubre de 1272 y junio de 1273, es decir, durante su período napolitano, como lo demuestra la presencia de algunos conceptos teológicos formulados únicamente al final de su vida (por ejemplo, su teología del episcopado).
Ocasión. Algunos autores precisan aún más la fecha y relacionan la obra con un curso impartido entre septiembre y el 6 de diciembre de 1273 sobre los primeros cincuenta y cuatro salmos, curso que quedó inconcluso. Probablemente Tomás explicaba los Salmos durante las clases de la mañana (lectio prima), mientras que por la tarde desarrollaba los temas contenidos en la Tertia Pars de la Summa Theologiae (qq. 1–59). Esta habría sido una decisión muy lógica del Aquinate: si los Salmos hablan de Cristo, constituyen una ocasión excelente para enseñar a los estudiantes a pensar cristológicamente, permitiendo que las lecciones posteriores desarrollaran con mayor profundidad las cuestiones específicas que normalmente no era posible explicar únicamente mediante la interpretación de la Escritura. De este modo, el Super Psalmos sería la última obra bíblica de Santo Tomás y, en cierto sentido, el resumen de toda su actividad como comentarista, a la que dedicó gran parte de su labor académica. Sería, además, una herencia espiritual muy particular de Aquinas.
Carácter del Comentario
El comentario a los Salmos nos presenta a Santo Tomás no solo como un magister in Sacra Pagina, que expone las verdades fundamentales de la fe, sino también como quien impulsa a cambiar de vida y a asumir las actitudes evangélicas en todas las circunstancias de la existencia. El Aquinate analiza los Salmos con un método teológico[vi]. Es decir, transmite, según su estilo habitual —sintético, pedagógico y contextual—, la sabiduría de la salvación escondida en los Salmos, los cuales constituían para él el «Evangelio del Antiguo Testamento» y la «materia de toda la teología»[vii]. El libro de los Salmos es citado con frecuencia en sus escritos sistemáticos y, de modo particular, en la cristología de la Tertia Pars de la Summa Theologiae.
Lamentablemente, todavía no disponemos de una edición crítica completa del comentario de Santo Tomás a los Salmos. Existen cuatro manuscritos y tres ediciones modernas de la obra[viii]. El Doctor Angélico no llegó a comentar todo el Salterio, sino solamente hasta el Salmo 54,12. Entre las posibles explicaciones, la más probable es que simplemente se debiera a la conclusión del año académico.
Antecedentes
El comentario no surge de la nada, pues Santo Tomás conocía los intentos anteriores de los Padres de la Iglesia y de los teólogos del primer Medievo por descubrir el sentido de los Salmos. Él asume esa herencia y la reelabora dentro de su propia reflexión. Es muy significativo que la época del Aquinate corresponda al paso de los comentarios monásticos al comentario escolástico.
Los comentarios monásticos, elaborados por pequeños grupos de monjes, se apoyaban en la lectio divina y se concentraban en descubrir en el texto consejos prácticos para la vida virtuosa.
El comentario escolástico, en cambio, apoyándose en la auctoritas y en la quaestio (junto con la disputatio), utiliza como instrumento las nociones filosóficas y procura descubrir en los Salmos no solo las motivaciones para obrar virtuosamente (sentido moral), sino también las profundas intuiciones dogmáticas contenidas en ellos.
Santo Tomás se sirvió de las interpretaciones de numerosos Padres de la Iglesia, entre ellos san Agustín, san Isidoro de Sevilla, san Juan Damasceno y san Juan Crisóstomo. También recurrió a autores de su tiempo, como Guillermo de Bretaña, Hugo de San Caro y, especialmente, san Alberto Magno. Asimismo, aprovechó las aportaciones de Aristóteles, Cicerón, Plutarco, Séneca y Maimónides. Utilizó además la historia de Israel, especialmente la transmitida por Flavio Josefo, así como las vidas de los santos.
Conclusión
El Super Psalmos es, por tanto, una obra profundamente enraizada tanto en la tradición de la Iglesia como en la corriente clásica de la filosofía.
- Análisis tomista de los Salmos
El Proemio que abre el Comentario a los Salmos merece una atención especial. En él, Santo Tomás introduce al lector mediante un análisis del libro basado en las cuatro causas[ix], ya que todo texto posee una naturaleza y una finalidad propias.
A) La materia (objeto)
Según el Aquinate, aunque cada libro de la Sagrada Escritura posee una materia u objeto particular, «este libro posee el objeto universal de toda la teología»[x]. Por ello trata de todas las obras de Dios.
Estas obras fundamentales son cuatro:
- La obra de la creación (opus creationis), contemplada especialmente en el Salmo 8.
- La obra del gobierno divino (opus gubernationis), pues los Salmos abarcan y celebran toda la historia del Antiguo Testamento, como pone de manifiesto el Salmo 77.
- La obra de la reparación (opus reparationis), que se refiere tanto a Cristo, Cabeza del Cuerpo Místico, como a todos los efectos de la gracia, tal como aparece en el Salmo 3.
- La obra de la glorificación (opus glorificationis), expresada en el Salmo 149, que invita a la alabanza como respuesta a la belleza de la creación y a la experiencia de la redención realizada por Cristo.
Fijando su atención en estas obras divinas, que según Santo Tomás pertenecen plenamente a Cristo -citando a san Pablo: «En Él quiso Dios que habitara toda la plenitud»[xi]-, el Aquinate concluye: «El sujeto (o materia) de este libro es Cristo y sus miembros». De este modo, el Libro de los Salmos abarca todas las cuestiones de la teología; contiene, en cierto sentido, toda la Escritura. Por esta razón ocupa un lugar privilegiado en la liturgia de la Iglesia. Puede afirmarse, por lo tanto, que la interpretación tomista de los Salmos es esencialmente cristocéntrica y eclesial. Sigue así la intuición de san Agustín, quien proponía leer los Salmos en referencia al Christus totus, es decir, a Cristo total: la Cabeza y los miembros. Su convicción de que en los Salmos resplandecen los misterios de Cristo aparece ya en el Proemio, donde afirma: «Todo lo referente a la fe en la Encarnación se expone con tanta claridad en esta obra, que parece casi un Evangelio más que un libro de profecías»[xii].
B) El modo o forma de expresión (Modus seu forma dicendi)
El Doctor Angélico compara los Salmos con un mapa de la vida cristiana, que muestra el dinamismo de la vida espiritual orientada a la alabanza de Dios tanto en esta vida como en la patria celestial. Con frecuencia recurre a la imagen del hombre peregrino, es decir, a la verdad del ser humano como ens in fieri (un ser en camino hacia su plena realización), que, acogiendo la verdad y el ejemplo de Cristo, avanza por el camino de la salvación.
Esta perspectiva se ve favorecida por el hecho de que cada texto posee su propia forma de expresar la realidad. Al leer los Salmos —aconseja Santo Tomás— es necesario prestar atención a la riqueza de los diversos modos de comunicación que Dios elige para transmitir al hombre el mensaje de perdón y esperanza que brota de la historia del rey David.
La Sagrada Escritura comunica la verdad de la salvación de diversas maneras (modus seu forma):
- mediante la narración, propia de los libros históricos (modus narrativus);
- mediante advertencias, exhortaciones y preceptos, que llaman al hombre a adoptar una conducta concreta para su crecimiento espiritual (modus admonitorius, exhortatorius et praeceptivus), característicos sobre todo de la Ley y de los Profetas;
- mediante un discurso argumentativo (modus disputativus), que inclina al hombre a asentir al pensamiento de Dios, como sucede principalmente en el Libro de Job;
- finalmente, el Libro de los Salmos expresa la realidad mediante la oración suplicante y la alabanza (modus deprecativus vel laudativus).
Precisamente porque el lenguaje de los Salmos es un lenguaje de oración y de alabanza, para penetrar verdaderamente en ellos es necesario cultivar un espíritu de diálogo interior con Dios. Al comentar los Salmos, Santo Tomás es plenamente consciente de que está meditando el libro de los himnos o soliloquios del profeta David relativos a Cristo. El himno es la alabanza dirigida a Dios mediante el canto, el cual —según el Aquinate— permite exaltar aquellas verdades eternas que «no pueden ser contenidas» por las simples palabras y que, por decirlo así, deben ser “proclamadas y cantadas”.
C) El fin (Finis)
«El fin de esta Escritura (los Salmos) es la oración»[xiii]. Por ello, toda la lógica interna del comentario tomista tiene como finalidad principal la oración (finis), es decir, que «el alma se una a Dios». El Aquinate entiende la oración como la «elevación de la mente hacia el Creador», siguiendo la definición de san Juan Damasceno. Esta elevatio mentis se realiza mediante la contemplación de la obra salvadora de Dios bajo las cuatro formas ya señaladas en el Proemio. Así como el fin propio se alcanza de acuerdo con la naturaleza de cada ser, también el hombre que reza los Salmos -los cuales presentan, en forma de alabanza, las cuatro grandes obras de Dios- es elevado espiritualmente hacia Dios de cuatro maneras:
«El alma es elevada a Dios de cuatro modos:
- En primer lugar, para admirar la grandeza de su poder… Esta es la elevación de la fe.
- En segundo lugar, la mente es elevada para tender hacia la excelencia de la bienaventuranza eterna… Esta es la elevación de la esperanza.
- En tercer lugar, la mente es elevada para adherirse a la bondad y santidad divinas… Esta es la elevación de la caridad.
- Finalmente, la mente es elevada para imitar la justicia divina en la acción… Esta es la elevación de la justicia».
Conclusión
Con todos estos elementos puede formularse una definición tomista del Libro de los Salmos: El Libro de los Salmos es una colección de himnos inspirados por el Espíritu Santo que abarcan toda la obra de Dios; es decir, de Cristo total, Cabeza y miembros, con el fin de elevar al hombre y unirlo al Altísimo mediante el ejercicio de las virtudes teologales y de la justicia.
D) La división del texto (Divisio textus)
El Aquinate presenta el tradicional triplex ordo, es decir, una triple forma de dividir el Salterio.
- El simbolismo del número de los Salmos
El primer criterio de división se basa en el simbolismo del número total de los Salmos (150), entendido como la suma de 80 y 70, números que contienen respectivamente las cifras 8 y 7. En el lenguaje bíblico, el número siete evoca el ritmo natural de la vida presente, representado por los días de la semana. El número ocho, en cambio, simboliza la superación de esta vida mediante la resurrección. De este modo, Santo Tomás descubre en los Salmos tanto enseñanzas relativas al curso de la vida terrena como la luz que ilumina la realidad de la vida futura.
- Las cinco grandes secciones
El segundo criterio considera las agrupaciones menores del Salterio. Aplicando un criterio lingüístico, Santo Tomás observa ciertas fórmulas repetidas -como fiat o amen– que permiten dividir el libro en cinco grandes secciones.
- Tres etapas del crecimiento espiritual
El tercer criterio distingue tres series de cincuenta Salmos cada una, organizadas según las tres etapas del crecimiento espiritual del cristiano: la etapa de los incipientes, correspondiente al estado de penitencia; la de los proficientes, correspondiente al estado de justicia; la de los perfectos, correspondiente al estado de gloria. Los Salmos 51 y 100 constituyen una especie de transición entre estas etapas. Los estudios modernos confirman que el conjunto del Salterio describe realmente un itinerario que conduce desde los lamentos iniciales hasta los himnos de pura alabanza y gloria. Cada uno de estos grupos de cincuenta Salmos se subdivide, a su vez, en conjuntos de diez.
Es importante señalar que, aunque la exégesis tomista es primordialmente cristológica, también incorpora otros criterios interpretativos: El Aquinate busca el sentido del texto atendiendo al contexto histórico, a la posición que ocupa cada Salmo dentro del Salterio y a sus títulos o super scripta. Ante todo, procura situar cada Salmo en su verdadero contexto. Además, considera que un Salmo no habla únicamente por sí mismo, sino también por el lugar que ocupa dentro del conjunto del Salterio. Su ubicación puede revelar niveles de significado que no aparecen cuando se lee de forma aislada. Así, al comentar el Salmo 9, Santo Tomás recuerda que pertenece al primer grupo de cincuenta Salmos, correspondiente al estado de penitencia. En sentido figurado trata de las tribulaciones y persecuciones sufridas por David y de la liberación que Dios le concede. Asimismo, las breves introducciones y los títulos de cada Salmo cumplen una función semejante, pues ayudan a identificar su significado dentro del conjunto de la obra.
- Conclusión
El Comentario a los Salmos posee el rigor propio de una obra científica; sin embargo, su finalidad principal no consiste únicamente en el análisis intelectual del texto, sino en la contemplación de la verdad, es decir, en mostrar los caminos que conducen a la verdadera sabiduría. El razonamiento de Santo Tomás es sencillo: precisamente porque se trata de un comentario escolástico, debe poner de relieve, ante todo, el sentido espiritual del texto y su invitación a buscar a Cristo, la Sabiduría eterna. Por ello, el Aquinate advierte contra el error de Teodoro de Mopsuestia, quien sostenía que en los escritos del Antiguo Testamento no se encuentra una referencia directa a Cristo. Santo Tomás responde apoyándose en una regla hermenéutica de san Jerónimo: Quod sic sunt exponendae de rebus gestis, ut figurantibus aliquid de Christo vel Ecclesia. Es decir: «Los acontecimientos históricos deben interpretarse de tal manera que manifiesten aquello que prefiguran acerca de Cristo o de la Iglesia». Desde esta perspectiva, el lector procura comprender los Salmos que el mismo Salvador rezó durante su vida terrena y que constituyeron una parte esencial de su propia oración. Así puede el creyente adherirse más profundamente al misterio de Cristo. Por consiguiente, la lectura de los Salmos no permanece en el plano del conocimiento intelectual, sino que conduce a una oración capaz de transformar la vida, es decir, de configurarla con Cristo.
Santo Tomás encuentra una confirmación de ello en la experiencia de san Agustín, quien, al recordar el efecto espiritual de los Salmos en sus Confesiones, exclama: Quid de me fecerit ille psalmus; es decir: «¡Lo que aquel salmo hizo de mí!»[xiv].
Sem. Tadei (Marian) Hanchak, IVE
[i] Cfr. Pontificia Commissione Biblica, Ispirazione e verità della Sacra Scrittura (2014), 2.3 [https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/pcb_documents/rc_con_cfaith_doc_20140222_ispirazione-verita-sacra-scrittura_it.html] (consultado abril 2026).
[ii] Cf. ROSZAK P., «Santo Tomas de Aquino, Comentador de los Salmos», Cuadernos de anuario filosófico 236; Pamplona 2011, 35-49.
[iii] Cf. ROSZAK P., «Disputatio en la vida de la universidad medieval a la luz del Verbum Abbreviatum de Pedro Cantor», in: Dysputy Nawarryjskie w Toniniu, red. Roszak, KPTKO, Torun 2010, 149-162.
[iv] DAVIES B., «Aquinas and the Academic Life», New Blackfriars 83 (2002), 336-345.
[v] Cfr. TORRELL J.-P., « Spiritualitas chez S. Thomas d’Aquin. Contribution à l’histoire d’un mot », Revue des sciences philosophiques et théologiques 73 (1989), 575-584.
[vi] ALARCON E., «Advanced in our historical knowledge of Thomas Aquinas», Anuario Filosofico 2 (2006), 389ss.
[vii] Cfr. Thomae Aquinae, Super Salmus (reportatio), proemium.
[viii] Son manuscritos de la Universidad de Boloña (Bo), dos de la Biblioteca Vaticana (V1, V2) y el de la Biblioteca de los Medici en Florencia (F). La edición crítica (futura) tendrá que tener en cuenta las ediciones hechas en Venecia en el 1505 (Ed1), en Lyon en el 1520 (Ed2) y la edición de Pio V nel 1570 (Ed3). Como dato comparativo, para la Secunda Secundae existían alrededor de 280 textos diversos.
[ix] MROZ M.; ROSZAK P., «Perfectum secundum intellectum et alfectum. L’ideale dell’esegeta e il suo lavoro di commento secondo Tommaso d’Aquino», Teologia i Człowiek [Teologia e uomo] 10 (2007), 113-130.
[x] Cfr. Super Ps., proemium.
[xi] Col 1, 19.
[xii] Super Ps., proemium.
[xiii] Ibid., Proemio.
[xiv] Sant’Agostino, Confesiones, IX, c. 4.







