El lugar de la Sagrada Escritura en nuestro derecho propio

Junto al altar con las reliquias de San Juan Pablo II

El lugar de la Sagrada Escritura en nuestro derecho propio  (R. P. Tito Paredes, IVE)

Publicamos esta valiosa contribución del p. Tito Paredes, IVE. Todas las afirmaciones son responsabilidad del autor. (Al final puede verse el link para descargar el artículo en PDF y el link de las Jornadas Biblicas en el seminario IVE de San Pablo, Brasil)

 

“Ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación” 2Tim 3,15

«Imprimis vero Sacram Scripturam quotidie prae manibus habeant» Perfectae Caritatis, 6.

«La Palabra de Dios (…) es en verdad la fuerza de nuestro Instituto (…)» Directorio de Espiritualidad, 238.

«La Sagrada Escritura debe ser el alma de nuestra alma, de nuestra espiritualidad, teología, predicación, catequesis y pasto­ral. Debería poder decirse de nosotros lo que decía San Jeróni­mo de una persona conocida suya: “A través de la diaria lectu­ra y meditación de la Escritura, ha hecho de su corazón una biblioteca de Cristo”[1], pues para nosotros “la Palabra de Dios no representa menos que el Cuerpo de Cristo» Directorio de Espiritualidad, 239.

El magisterio de la Iglesia en el último Concilio Ecuménico incita: «De igual forma el Santo Concilio exhorta con vehemencia a todos los cristianos en particular a los religiosos, a que aprendan “el sublime conocimiento de Jesucristo”, con la lectura frecuente de las divinas Escrituras»[2].

Por su parte, Pablo VI afirma en la Perfectae Caritatis: «En primer lugar, manejen cotidianamente la Sagrada Escritura para adquirir en la lectura y meditación de los sagrados Libros “el sublime conocimiento de Cristo Jesús” (Fil 3,8)»[3]. Y Benedicto XVI en su exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini: «También hoy, las formas antiguas y nuevas de especial consagración están llamadas a ser verdaderas escuelas de vida espiritual, en las que se leen las Escrituras según el Espíritu Santo en la Iglesia, de manera que todo el Pueblo de Dios pueda beneficiarse. El Sínodo, por tanto, recomienda que nunca falte en las comunidades de vida consagrada una formación sólida para la lectura creyente de la Biblia[4]»[5].

Fieles a la Tradición y Magisterio, nuestra minúscula, incipiente y querida familia religiosa encarnó en sus Constituciones como en nuestros Directorios el apremiante apelo de la Santa Madre Iglesia. En el presente artículo es nuestra intención evidenciar en los mencionados documentos del IVE el lugar de relevancia que ocupa la Sagrada Escritura.

 1. La Sagrada Escritura en nuestras Constituciones

Ya en las primeras páginas de nuestras Constituciones en la Parte I titulada: “Introducción: Nuestra Familia Religiosa. Principios Generales. Nuestro ‘Camino’” al tratar sobre el Apostolado dice:

(16) De manera especial, nos dedicaremos a la predicación de la Palabra de Dios más tajante que espada de dos filos (Heb 4,12) en todas sus formas. En el estudio y la enseñanza de la Sagrada Escritura, (…). En la búsqueda y formación de idóneos ministros de la Palabra, en la publicación de revistas, tratados, libros, etc., y en otras cosas. Por el verbo oral y escrito queremos prolongar al Verbo.

Luego en la Parte VII “Formación de los miembros” Capítulo 1. Dimensiones de la formación, en el 203 refiriéndose a la formación espiritual afirma:

(203) La meditación fiel de la Palabra de Dios, por la cual conocemos los misterios divinos, y hacemos propia su valoración de las cosas. Esto es especialmente importante en orden al ministerio profético[6]. Por eso enseña el Concilio Vaticano II que todos los clérigos, especialmente los sacerdotes, diáconos y catequistas dedicados por oficio al ministerio de la palabra, han de leer y estudiar asiduamente la Escritura para no volverse “predicadores vacíos de la palabra, que no la escuchan por dentro[7]. La respuesta a la lectio divina es la oración, “que constituye sin duda un valor y una exigencia primarios de la formación espiritual…”, porque “… el sacerdote es el hombre de Dios, el que pertenece a Dios y hace pensar en Dios…”, además de que “… un aspecto, ciertamente no secundario de la misión del sacerdote es el de ser maestro de oración…”, por tanto, “… es preciso… que el sacerdote esté formado en una profunda intimidad con Dios”[8]. Fruto de esta intimidad con Dios y de la acción del Espíritu en el alma del sacerdote es el discernimiento, el gustar, aceptar, juzgar de las cosas[9]. 

En la misma Parte (VII), ahora en relación a la formación intelectual:

(221) También aquí, en la formación intelectual, el principio y fin es Jesucristo. De manera especial, Jesucristo conocido a través de la Sagrada Escritura. Él es la luz de las Páginas Sagradas: les abrió la inteligencia para que comprendieran las Escrituras (Lc 24,45). Entender la Biblia es una gracia de Cristosus entendimientos estaban embotados, y hasta hoy existe el mismo velo en la lectura del Antiguo Testamento, sin renovarse, porque sólo con Cristo desaparece (2 Cor 3,14). Él es el centro de la Escritura Santa: …les fue declarado todo cuanto a Él se refería en todas las Escrituras (Lc 24,27). Por eso “ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo”[10]. De aquí que la Sagrada Escritura sea el “alma” de la teología[11].

(222) Pero la lectura de la Sagrada Escritura tiene que ser hecha “en Iglesia” (…).

(226) En su reflexión sobre la fe la teología se mueve en dos direcciones: el estudio de la Palabra de Dios, escrita en el Libro Sagrado, celebrada y transmitida en la Tradición viva de la Iglesia e interpretada auténticamente por su Magisterio. De aquí el estudio de la Sagrada Escritura, de los Padres de la Iglesia, que explicaron los hechos y palabras reveladas por Dios y consignadas en las Escrituras[12], de la liturgia, de la historia eclesiástica, de las declaraciones del Magisterio. (…)[13].

El parágrafo 227 merece una especial mención porque afirma que el conocimiento y seguimiento de Santo Tomás es de ineludible importancia en primer lugar para la recta interpretación de la Biblia:

(227) Lugar preferente tendrá el conocimiento de Santo Tomás de Aquino, ya que hay que formar ‘bajo su magisterio’ y hay que tenerlo ‘principalmente como maestro’. /…/ Su conocimiento es de insoslayable importancia para la recta interpretación de la Sagrada Escritura, para poder trascender lo sensible y alcanzar la unión con Dios, para edificar el edificio de la Sagrada Teología sobre las sólidas bases que proporciona un conocimiento profundo de la filosofía del ser, ‘patri­monio filosófico perennemente válido’ teniendo en cuenta todos los adelantos de la investigación filosófica”.

Una brevísima digresión. Dicha importancia de Santo Tomás, parecería fundamentarse en que cuando el Catecismo de la Iglesia Católica expone en el nº 112 sobre la unidad y contenido de la Sagradas Escrituras, lo hace siguiendo a S. Tomás en su Expositio in Psalmos, 21,11 y en el nº 116 al tratar sobre los sentidos de la Escritura se cita la Summa Theologicae I, q.1,a.10, ad 1um, una de las exposiciones más acabadas del Aquinate en esta materia junto con su Comentario Super Epistolas Sancti Pauli Lectura. Ad Galatas.

Todavía en este capítulo de la Parte VII, ahora en relación a la formación pastoral:

(231) Aspiramos a formar para la Iglesia Católica sacerdotes según el Corazón de Cristo: que abreven su espíritu en la Palabra de Dios, (…) “caudalosos de espíritu”[14], “con una lengua, labios y sabiduría a los que no puedan resistir los enemigos de la verdad”[15], de ubérrima fecundidad apostólica y vocacional, con ímpetu misionero y ecuménico, abiertos a toda partícula de verdad allí donde se halle, con amor preferencial a los pobres sin exclusivismos y sin exclusiones, que vivan en cristalina y contagiosa alegría, en imperturbable paz aun en los más arduos combates, en absoluta e irrestricta comunión eclesial, incansablemente evangelizadores y catequistas, amantes de la Cruz. En fin, hombres con sentido común, con ese sentido común cristiano que no es otra cosa que la santa familiaridad con el Verbo hecho carne.

 En el Capítulo 2 Itinerario de Formación, en el  Nº 203 al tratar sobre el Seminario Menor afirma:

 (235) Por ello, para la conveniente formación de los seminaristas es preciso que se les enseñe a valorar y amar el misterio de la Sagrada Eucaristía, que debe ser el centro de toda su vida, particularmente en la Santa Misa, el sacramento de la Reconciliación, la obediencia pronta y alegre, la Santísima Virgen y los santos como intercesores y modelos de vida, la Sagrada Escritura…porque desde la infancia conoces las Sagradas Letras, que pueden instruirte en orden a la salud por la fe en Jesucristo (2 Tim 3,15)-, etc.: “Cristo conocido, buscado, amado cada vez más a través de los estudios, de los sacrificios personales, de las victorias sobre sí mismo, en la lenta conquista de las virtudes de la justicia, la fortaleza, la templanza, la prudencia; Cristo contemplado con perseverancia paciente y fervorosa a fin de que… se imprima el rostro mismo de Cristo (cf. 2 Cor 3,18)”[16].

 Siguiendo con el Iter formativo respecto al Noviciado en el Nº 249:

(249) El Maestro de novicios deberá estimular a los novicios para que vivan las virtudes humanas y cristianas,  levándolos por un camino de mayor perfección mediante la oración y la renuncia de sí mismos; instruyéndolos en la contemplación del misterio de la salvación y en la lectura y meditación de las Sagradas Escrituras; preparándolos para que celebren el culto de Dios en la Sagrada Liturgia; formándolos para llevar una vida consagrada a Dios y a los hombres en Cristo por medio de los consejos evangélicos; instruyéndolos sobre el carácter, espíritu, finalidad, disciplina, historia y vida del Instituto; y procurará imbuirlos de amor a la Iglesia y a sus sagrados pastores[17].

 2. La Sagrada Escritura en nuestros Directorios

           En segundo lugar veamos ahora como se plasmó las directrices de nuestras Constituciones en nuestros Directorios:

 Directorio sobre la Predicación de la Palabra de Dios

Especialmente los parágrafos 2 al 28 del Directorio sobre la Predicación de la Palabra de Dios son de insustituible importancia para entender: la excelencia de la Palabra Divina: naturaleza, autoridad, utilidad; el poder de la misma: ilumina el entendimiento, inflama el corazón, da vigor al alma; y los efectos que esta produce. Apenas para ilustrar traemos a colación el siguiente parágrafo:

(21) Es importante destacar que la Biblia no sólo concede la vida, sino que la aumenta. A la Palabra de Dios sólo le falta una cosa: ser bien recibida, lo cual depende del que la recibe.

Directorio de Espiritualidad

Los parágrafos 326-239 del Directorio de Espiritualidad son sin lugar a dudas de inexhaurible riqueza por la singular relevancia que le da a la Sagrada Escritura para vivir nuestra espiritualidad, sólo a modo ilustrativo citamos:

(238) «La Palabra de Dios (…) es en verdad la fuerza de nuestro Instituto (…)».

(239) «La Sagrada Escritura debe ser el alma de nuestra alma, de nuestra espiritualidad, teología, predicación, catequesis y pasto­ral. Debería poder decirse de nosotros lo que decía San Jeróni­mo de una persona conocida suya: “A través de la diaria lectu­ra y meditación de la Escritura, ha hecho de su corazón una biblioteca de Cristo”[18], pues para nosotros “la Palabra de Dios no representa menos que el Cuerpo de Cristo».

 Directorio de Formación Intelectual

El documento en cuestión exponiendo el plan de la formación se apropia del magisterio del Concilio Vaticano II:

(41)El conocimiento amoroso y la familiaridad orante con la Palabra de Dios revisten un significado específico con el ministerio profético del sacerdote, para cuyo cumplimiento adecuado son una condición imprescindible, principalmente en el contexto de la ‘nueva evangelización’, a la que hoy la Iglesia está llamada. El Concilio exhorta[19]: ‘Todos los clérigos, especialmente los sacerdotes, diáconos y catequistas dedicados por oficio al ministerio de la palabra, han de leer y estudiar asiduamente la Escritura para no volverse ‘predicadores vacíos de la palabra, que no la escuchan por dentro’”[20].

(42) “También aquí, en la formación intelectual, el principio y fin es Jesucristo. De manera especial, Jesucristo conocido a través de la Sagrada Escritura. Él es la luz de las Páginas Sagradas: les abrió la inteligencia para que comprendieran las Escrituras (Lc 24,45). Entender la Biblia es una gracia de Cristo: …sus entendimientos estaban embotados, y hasta hoy existe el mismo velo en la lectura del Antiguo Testamento, sin renovarse, porque sólo con Cristo desaparece (2 Cor 3,14). Él es el centro de la Escritura Santa: …les fue declarado todo cuanto a Él se refería en todas las Escrituras (Lc 24,27). Por eso ‘ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo’[21]. De aquí que la Sagrada Escritura sea el ‘alma’ de la teología[22].

En el parágrafo 50, se cita a las Constituciones 227 reafirmando la importancia del estudio y seguimiento de Santo Tomás para una recta interpretación de la Biblia.

Directorio de Seminarios Menores

(34) Hay que procurar que el joven se habitúe a la lectura cotidiana de la Sagrada Escritura. Que adquiera la familiaridad con la Biblia que tenían los grandes santos, como San Timoteo a quien San Pablo escribía: Permanece firme en lo que has aprendido… porque desde la infancia conoces las Sagradas Escrituras (2 Tim 3, 14-15) o como Santo Tomás que la conocía en gran parte de memoria y con cuyas citaciones entretejía sus obras teológicas más importantes. En este aspecto puede ayudar muy bien el organizar lo que se llama Cursos o Jornadas de Biblia para niños y jóvenes, ya que suelen despertar gran interés por el conocimiento de las Sagradas Escrituras y de otras ciencias auxiliares como la arqueología, la historia, el estudio de las lenguas, etc.

 Directorio de Noviciado

(1) “Estimúlese a los novicios para que vivan las virtudes humanas y cristianas; se les debe llevar por un camino de mayor perfección mediante la oración y la abnegación de los mismos; instrúyaseles en la contemplación del misterio de la salvación y en la lectura y meditación de las Sagradas Escrituras; se les preparará para que celebren el culto de Dios y a los hombres en Cristo por medio de los consejos evangélicos; se les instruirá sobre el carácter, espíritu, finalidad, disciplina, historia y vida del instituto; y se procurará imbuirle de amor a la Iglesia y a sus sagrados Pastores”[23]. Para esto ofrézcansele “conceptos fundamentales de antropología y psicología, que den al sujeto, al principio de su camino formativo, la posibilidad de conocerse mejor, particularmente en las áreas más necesitadas de formación”[24].

Directorio de Seminarios Mayores

En el Directorio de Seminarios Mayores:

(224) Deberá entonces enseñarse a los alumnos el sentido de la Escritura y en particular de los salmos, y de la liturgia de la Iglesia. Además se debe dar una cierta práctica “por la recitación común de alguna parte del Oficio (por ejemplo laudes o vísperas)…”[25]. Esta práctica los acostumbrará a cumplir cuando sean sacerdotes la obligación de recitar el Oficio Divino.

En los parágrafos siguientes 329-333 de este directorio se traza el plano de estudio de la Sagrada Escritura en nuestros seminarios subrayando que Ella es el “alma” de toda la teología[26] y que en cuanto tal “debe informar la totalidad de las disciplinas teológicas”[27]. Por tanto la importancia de estos parágrafos es fundamental para nuestros religiosos.

Directorio de Vida Litúrgica Liturgia

En el directorio ordenado a la vida litúrgica se acentúa la centralidad del Misterio pascual revelado en la Sagrada Escritura:

(112) El misterio de la salvación es lo central en la celebración; seguirá utilizando la Sagrada Escritura haciendo sacramentalmente presente el misterio proclamado; nunca se renunciará a las prácticas del ayuno, la oración y la limosna; siempre se conservará el Domingo como “Pascua Semanal”. De esta manera, la lex orandi continuará siendo lex credendi.

En el Nº 57 se nos habla del cuidado y modo de proclamar la Palabra de Dios en la Liturgia, remarcando la necesidad de asimilarla interiormente:

(57) Lo mismo vale para la proclamación litúrgica de la Palabra de Dios: “una palabra venerada porque es palabra viva y en ella habita el Espíritu. Los ministros de la palabra deben esmerarse mucho en la lectura, que primero interiorizarán, para que llegue a los fieles como una verdadera luz y una fuerza para el momento presente”[28].

En relación con el canto nos declara la función que éste tiene en orden a manifestar los misterios divinos revelados en la Palabra de Dios:

(80) El canto litúrgico de un modo particular actualiza el misterio de la salvación, al Dios que se nos revela con su Palabra y dándonos su don, la Iglesia responde en cánticos de adoración, gratitud e intercesión. Por eso, la eficacia sobrenatural del canto litúrgico le viene de la presencia de Cristo, porque Él “está presente cuando la Iglesia suplica y canta salmos”[29]. El canto litúrgico es la “voz de la esposa” que se une al Esposo en el “sacrificium laudis”.

En lo que dice relación al sacramento de la Penitencia siguiendo el Ordo Paenitentiae se propone la escucha de la Palabra de Dios para un mayor provecho espiritual:

(92) (…) Se deben organizar encuentros de preparación, tal como se propone en el Ordo Paenitentiae, en los que, mediante la escucha y la meditación de la Palabra de Dios, se ayude a los fieles a celebrar con fruto el sacramento; o al menos se deben poner a disposición de los fieles subsidios adecuados, que les guíen no sólo en la preparación de la confesión de los pecados, sino para que alcancen un sincero arrepentimiento”[30].

Por fin, en relación a la dignidad de los libros litúrgicos que contienen la Palabra de Dios:

(102) “Los libros que se utilizan para proclamar los textos litúrgicos, con el pueblo o en beneficio del mismo, en lengua vernácula, deben tener una dignidad tal que su aspecto exterior mueva a los fieles a una mayor reverencia a la Palabra de Dios y a las cosas sagradas. Por ello, es necesario que se supere cuanto antes la fase provisional de las hojas y folletos, allá donde esto se dé. Todos los libros, destinados al uso litúrgico de los sacerdotes celebrantes o de los diáconos, deben ser de un tamaño lo suficientemente grande como para distinguirlos de los libros para uso personal de los fieles”[31].

Directorio de Dirección espiritual

En el Directorio de Dirección espiritual al tratar sobre el discernimiento de espíritus, destaca la importancia del estudio de la Biblia para la adquisición de aquel:

37) El discernimiento es tanto un carisma del Espíritu Santo (1Cor 12,10), como un acto de la prudencia sobrenatural (la prudencia iluminada por la fe). Este segundo modo de discernimiento se adquiere por medio de la oración, del estudio de la Sagrada Escritura, de los escritos de los Padres, de los grandes Teólogos y de los Místicos, y por la propia experiencia de la vida espiritual. En particular, es de una ayuda extraordinaria la familiaridad y conocimiento profundo de las Reglas de discernimiento de espíritus de San Ignacio de Loyola[32], para formar e ilustrar las conciencias de sus dirigidos y, de modo especial, para los casos en que le toque dirigir almas en las que aparecen fenómenos extraordinarios o gracias “gratis dadas”.

Directorio de Vida Consagrada

Este directorio tratando sobre la obediencia, y en concreto sobre el estudio dice:

(211) Otra de las prácticas mediante las cuales el religioso ordena sus actos al fin de su estado, es el estudio. El estudio es propio de la vida religiosa debido a tres razones[33].

(212) Primero, porque es exigido para la contemplación misma a la que presta una doble utilidad: utilidad directa, iluminando el espíritu, pues en la contemplación de las cosas divinas el hombre es dirigido por el estudio.

(213) Presta además una utilidad indirecta, apartando los peligros, o sea, los errores en los que caen con frecuencia en la contemplación de las cosas divinas los que ignoran las Escrituras.

 Directorio de Vida Contemplativa

En referencia al estudio de los monjes se dice que, éste es necesario para no mal interpretar las Escrituras:

(72) De dos modos el estudio será útil para la misma vida contemplativa: “directamente, coadyuvando a la contemplación, esto es, iluminando el entendimiento (…); indirectamente, removiendo los peligros de la contemplación, esto es, los errores, que frecuentemente ocurren en la contemplación de lo divino a los que desconocen las Escrituras…”[34].

También que el estudio debe estar animado por la Biblia:

(75) El estudio de la Sagrada Teología informado por las Sagradas Escrituras, que parte de la fe y conduce a la inteligencia de la fe, es el que alimenta y dispone a la contemplación y lleva al amor de Cristo y de la Iglesia[35].

Todavía más el gozo del monje debe buscarla en la lectura de la Palabra de Dios:

(74) Los monjes buscarán ese gozo de la verdad a través de las clásicas actividades monásticas de la “lectio”, la “meditatio” y la “contemplatio”, para ser hombres sabios según Dios.[36]

(141) El trabajo servirá también al equilibrio psíquico y físico; esta finalidad ya era considerada por San Agustín para la vida de los monjes: “…preferiría mil veces ocuparme de un trabajo manual cada día y a horas determinadas, y disponer de las restantes horas libres para leer, orar, escribir algo acerca de las divinas Escrituras…”[37]. “Cumplirá el monje así aquellas palabras de San Benito a uno de sus súbditos: “Ve a trabajar y no estés triste”[38].

(122) En la celda el monje ha de dedicar una hora a la Tradicional práctica de la lectio divina, esto es, a la meditación de la Palabra de Dios, y a la lectura de los Santos Padres; como así también al estudio y al trabajo manual.

Directorio de Vocación

Como no podría ser de otra manera dicho directorio fundamenta el factum del llamado de Dios en el testimonio de la Sagrada Escritura:

     (5) Que Dios llama a los hombres a determinada vocación se conoce por innumerables testimonios de la Sagrada Escritura, como ser, la vocación del Pueblo de Dios, la de Abraham, Moisés, Josué, Samuel, David, Jeremías, Isaías, Oseas, etc., y en el Nuevo Testamento con las vocaciones de Jesús, de los primeros discípulos, Leví-Mateo, los doce Apóstoles, el joven rico, San Pablo, de la Virgen María, etc. Él ha dicho: No sois vosotros los que me habéis elegido, sino yo el que os he elegido a vosotros (Jn 15, 16).

En otro lugar tratando sobre las “astutas objeciones” a la vocación consagrada dice:

(31) En definitiva, son todas falsas excusas, verdaderos engaños del demonio, que hacen que el alma intente justificarse apoyándose en falacias y en un mal uso de las Sagradas Escrituras.

Directorio de Tercera Orden

Al tratar, este directorio sobre el “Misterio de Cristo” refiriéndose a su Espíritu, traba sobre la Palabra de Dios, lo hace en consonancia con el directorio de Espiritualidad y de la Predicación de la Palabra de Dios. Así se expresa:

(252) El Espíritu Santo es el Autor Principal de la Sagrada Escritura, porque quiso que pudiésemos saciarnos en “la mesa de la Palabra[39]. “El Espíritu Santo fecundó la Sagrada Escritura con verdad más abundante de la que los hombres puedan comprender[40]. La Biblia está estrechamente unida al misterio del Verbo Encarnado: “al igual que la palabra sustancial de Dios, se hizo semejante en todo menos en el pecado, así las palabras de Dios expresadas en lenguas humanas, se han hecho en todo semejante al lenguaje humano, excepto en el error”[41].

(253) La riqueza de este tesoro celestial[42] de la Palabra de Dios, entre otras cosas, se ve por el hecho de que: está contenida en los Libros Santos, celebrada en la Sagrada Liturgia, comentada por los Santos Padres, testimoniada por los mártires, profundizada por los Doctores, interpretada auténticamente por el Magisterio de la Iglesia, y vivida por los santos de todos los tiempos.

(254) La Palabra de Dios debe ser “profundizada en Iglesia”[43], es decir, con el mismo Espíritu con que fue escrita[44], y es en verdad la fuerza de nuestra familia religiosa, “como lo es su suprema proclamación sacramental en el Sacrificio eucarístico”[45].

(255) La Sagrada Escritura debe ser el alma de nuestra alma, de nuestra espiritualidad, teología, predicación, catequesis y pastoral. Debería poder decirse de nosotros lo que decía San Jerónimo de una persona conocida suya: “A través de la diaria lectura y meditación de la Escritura, ha hecho de su corazón una biblioteca de Cristo”[46], pues para nosotros “la Palabra de Dios no representa menos que el Cuerpo de Cristo”[47].

Directorio de Parroquias:

(2) También conviene tener grupos de estudio, de Biblia, escuela e incluso instituto de catequesis, etc.

Directorio de Catequesis:

Como fundamento este directorio se refiere al ya citado parágrafo de las Constituciones:

(2) Queremos dedicarnos “de manera especial… a la predicación de la Palabra de Dios… en todas sus formas. En el estudio y la enseñanza de la Sagrada Escritura… la Catequesis…”,[48] participando de la función profética de Cristo.[49]

En los siguientes parágrafos una vez más se remarca la centralidad de la Sagrada Escritura para la auténtica enseñanza de la fe:

(32) “Un catecismo debe presentar fiel y orgánicamente la enseñanza de la Sagrada Escritura, de la Tradición viva en la Iglesia y del Magisterio auténtico, así como la herencia espiritual de los Padres, de los santos y de las santas de la Iglesia, para permitir conocer mejor el misterio cristiano y reavivar la fe del Pueblo de Dios.

(40) La auténtica catequesis es siempre una iniciación ordenada y sistemática a la Revelación que Dios mismo ha hecho al hombre en Jesucristo, revelación conservada en la memoria profunda de la Iglesia y en las Sagradas Escrituras y comunicada constantemente, mediante una traditio viva y activa, de generación en generación. Pero esta revelación no está aislada de la vida ni yuxtapuesta artificialmente a ella. Se refiere al sentido último de la existencia y la ilumina, ya para inspirarla, ya para juzgarla, a la luz del Evangelio”.[50]

También se dan directrices prácticas de gran valor pastoral en los parágrafos 22-23 y sobre todo en los anexos de dicho directorio.

III. A modo de Conclusión:

Creemos haber alcanzado nuestro objetivo: evidenciar los textos de nuestro derecho propio allí donde se exprese el lugar que ocupa la Sagrada Escritura para el IVE. Ahora falta un paso todavía más importante que es profundizarlos en particular, tarea concreta del lector. Lo que no queda en duda es nuestra fidelidad a la Iglesia en venerar a la Sagrada Escritura como al cuerpo del Mismo Cristo y nuestro propósito de dedicarnos a Ella en todas sus formas y con el mayor de nuestros empeños.

Esperamos que la exposición de estos textos nos lleve a rezar y estudiar la Palabra de Dios «(…) con especial diligencia[51] por tratarse del “alma” de toda la teología[52], que en cuanto tal “debe informar la totalidad de las disciplinas teológicas”[53] -porque- La Palabra de Dios escrita es análoga a la encarnación del Verbo, por lo que “estudiar las Escrituras es estudiar a Cristo”, y los errores sobre la naturaleza de las Escrituras Sagradas son análogos a los errores sobre el Verbo Encarnado. De allí la importancia que su estudio ha de tener para nuestro Instituto»[54]. En suma, manifestum est que la Biblia está estrechamente unida al misterio del Verbo Encarnado: “al igual que la palabra sustancial de Dios, se hizo semejante a los hombre en todo menos en el pecado, así las palabras de Dios expresadas en lenguas humanas, se han hecho en todo semejante al lenguaje humano, excepto en el error[55] y por tanto su estudio y dedicación hacen parte de nuestra identidad propia por ser miembros del Instituto del Verbo Encarnado.

En ocupación tan ilustre también nuestro Instituto nos presenta como modelo al Angélico Doctor: “Se ha de tener como modelo y fuente del estudio de la Sagrada Escritura a Santo Tomás exégeta, que fue aquel que más penetró el sentido de las Escrituras”[56]. Para que finalmente se realice en nosotros el deseo de nuestro fundador, a quien modestamente van dedicadas estas páginas: «La Sagrada Escritura debe ser el alma de nuestra alma, de nuestra espiritualidad, teología, predicación, catequesis y pastoral. Debería poder decirse de nosotros lo que decía San Jerónimo de una persona conocida suya: “A través de la diaria lectura y meditación de la Escritura, ha hecho de su corazón una biblioteca de Cristo”, pues para nosotros “la Palabra de Dios no representa menos que el Cuerpo de Cristo»[57].

Tito Antonio Paredes, IVE.-

San Pablo – Brasil 11 de Julio del 2016, memoria de San Benito de Nurcia, Patrono de Europa.

[1] San Jerónimo, Ep. ad Heliodorum, LX, 10.

[2] Dei Verbum, 25.

[3] Perfectae Caritatis, 6.

[4] Cf. Propositio, 24.

[5] Verbum Domini, 83.

[6] Pastore dabo vobis, 47.

[7] San Agustín, Sermón 179,1: ML 38,966; DV, 15.

[8] Pastore dabo vobis, 47.

[9] Cf. FIR, 19.

[10] San Jerónimo, Comentario a Isaías, prólogo.

[11] Cf. Optatam Totitius, 16.

[12] Cf. Ad Gentes, 22.

[13] Pastore dabo vobis, 54.

[14] Sam Juan de Ávila, Sermones, Fiesta de San Nicolás, op. cit., T. III, p. 230.

[15] San Luis María Grignion de Monfort, Oración abrasada, nº 22.

[16] Sagrada Congregación para la Educación Católica, Carta Circular sobre algunos aspectos más urgentes de la formación espiritual en los Seminarios (1980), 1, f.

[17] Cf. CIC, cc. 646, 652; FIR, 45-53.

[18] San Jerónimo, Ep. ad Heliodorum, LX, 10.

[19] San Agustín, Sermón 179,1.

[20] Pastore dabo vobis, 47.

[21] San Jerónimo, Comentario a Isaías, Prólogo.

[22] Cf. Optatam Totius, 16.

[23] CIC, c. 652 § 1-2.

[24] Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, La colaboración entre Institutos para la Formación, n° 16b.

[25] Ratio Fundamentalis, 53, 176. En nuestros Seminarios religiosos se deberán rezar comunitariamente Laudes y Vísperas. Las Laudes podrán rezarse en la celebración de la Misa, no sólo por razones prácticas, sino por su sentido teológico: la unión del Oficio Divino con la Misa. Con el rezo de Vísperas puede terminarse la hora de Adoración si se realiza a la tarde.

[26] Cf. Optatam Totius, 16. Cf. RF, 78,227.

[27] RF, 78, 227.

[28] Discurso al Quinto Grupo de Obispos de Francia en vidita “Ad Limina Apostolorum”, 8 de Marzo 1997, 5.

[29] Sacrosantum Concilium, 7.

[30] Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de os Sacramentos, Directorio sobre La Piedad Popular y la Liturgia, 267.

[31] Congregación para el Culto y la Disciplina de los Sacramentos, Liturgiam Authenticam, 120.

[32] Las dos series de Reglas para la primera y para la segunda semana que San Ignacio propone en su Libro de los Ejercicios. Cf. EE, [313-336].

[33] Cf. S. Th., II-II, 188, 5.

[34] Santo Tomás de Aquino, S.Th., II-II, 188, 5.

[35] Cf. Pastore dabo vobis, 53.

[36] Constituciones, 203. «La respuesta a la lectio divina es la oración, “que constituye sin duda un valor y una exigencia primarios de la formación espiritual…” porque “… el sacerdote es el hombre de Dios, el que pertenece a Dios, y hace pensar en Dios…”, además que “…un aspecto, ciertamente no secundario de la misión del sacerdote es el de ser maestro de oración…” por tanto, “… es preciso que el sacerdote esté formado en una profunda intimidad con Dios”» Pastore dabo vobis, 47.

[37] San Agustín, Del trabajo de los monjes, Obras Completas, Tomo XII, Madrid, 1973, p. 687.

[38] San Gregorio Magno, Diálogos de la vida y milagros de los Padres itálicos II, 6.

[39] Dei Verbum, 21; SC, 51.

[40] Santo Tomás de Aquino, Comentario al I libro de la Sentencias 12, 1, 2, ad 7.

[41] Pío XII, Divino Aflante Spiritus, Enchiridium Biblicum 559; palabras semejanes recoje la constitución Dei Verbum 13.

[42] Cf. Sacrosanctum Concilium, 51.

[43] Juan Pablo II, Alocución a los Obispos de Malí; OR (24/04/1988), 11.; cf. Juan Pablo II, Renovar la familia a la luz del Evangelio, Discurso al Consejo Internacional de los Obispos de Nuestra Señora; OR (30/09/1979), 8; passim.

[44] Dei Verbum, 11.

[45] Juan Pablo II, Alocución a los Obispos de la Conferencia Episcopal de Pakistán ; OR (24/03/1985), 7.

[46] San Jerónimo, Ep. ad Heliodorum, LX, 10.

[47] San Agustín, Serm. suppos. 300, citado por Santo Tomás en S.Th. II-II,96,4, ad 3.

[48] Cf. Directorio de Espiritualidad, 227: “La Iglesia es Jesucristo continuado, difundido y comunicado; es como la prolongación de la Encarnación redentora, al continuar la triple función profética, sacerdotal y real”.

[49] Constituciones, 16.

[50] Catechesi Tradendae, 22.

[51] Cf. Optatam Totius, 16. Dice el CIC, c. 252, § 2, que con “particular diligencia”.

[52] Cf. Optatam Totius, 16. Cf. RF, 78,227.

[53] RF, 78, 227.

[54] Directorio de Seminarios Mayores, 329.

[55] Pío XII, Divino Aflante Spiritus, Enchiridium Biblicum 559; palabras semejanes recoje la constitución Dei Verbum 13.

[56] Directorio de Seminarios Mayores, 331.

[57] Directorio de Espiritualidad, 239.

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El video sobre las Jornadas Bíblicas en Brasil puede verse en el siguiente link: https://www.youtube.com/watch?v=XNXAEVxqV1c&feature=youtu.be

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2 comentarios

  1. Norma Lidia Orellana

    Agradezco a Dios estás enseñanzas del Evangelio.bendiciones Padre.

  2. Pingback: San Jerónimo: amar la Palabra de Dios y nosotros

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