¿Por qué los católicos dicen: No leo la Biblia (II)?

Presentamos la segunda parte del escrito del  P. Leonardo López, en forma de conversación con Mons. Straubinger, acerca de la lectura de la Sagrada Escritura.

 Leer biblia             7. ¿Por qué hay que leer TANTO la Biblia para lograr que nos entregue Sus Secretos?

– Es verdad, Gabriel. Quisiéramos que las Sagradas Páginas nos entregasen Sus Secretos sin tantas vueltas ni tanta poesía …

Pero, así como no puedes pretender aprender álgebra en el primer año de Escuela, sino que necesitas avanzar poco a poco…, así sucede con la Sagrada Escritura.

La Biblia es un libro de pedagogía [1].Busca adentrarnos en las cosas de Dios poco a poco. Piensa cómo una de las características de las leyes del Antiguo Testamento fue la de preparar el entendimiento del Pueblo de Dios a las leyes del Nuevo Testamento.

– Mmmm. ¿Podría darme un ejemplo?

– En el Antiguo Testamento, Moisés prohibía sembrar semillas mezcladas, arar con yunta de buey y asno, y hasta vestirse con mezcla de lana y lino (Deut. 22, 9 s.) ¿Por qué? Para prepararnos a entender lo siguiente: Nuestro Señor aborrece el fariseísmo, o sea aquellos de corazón doble, que ni quieren entregar el corazón a Dios para amarlo sobre todas las cosas, ni quieren hacer profesión de impiedad [2], porque temen los castigos; honran a Dios con los labios mientras su corazón está lejos de Él (Mt. 23, 24). Jesús quiere que se esté con Él o contra Él, y esa mezcla de piedad con el espíritu del mundo, es abominada por Dios [i].

– ¡Ahora entiendo! ¡Por eso Jesús alaba a Natanael, diciendo que en él “no hay doblez”! (Jn. 1, 47).

– Gabriel, ovejita de Dios[3], ¡qué buen alumno del Espíritu Santo eres!

Por eso, aun habiendo leído una y mil veces el Nuevo Testamento, necesitamos leer una mil veces el Antiguo, para comprender plenamente el Nuevo

             8. Por nuestros pecados…

– Una de las razones por la que los hombres no leemos la Biblia es a causa de nuestros pecados …

Ve y trae de mi Biblioteca el Comentario de Santo Tomás a la Epístola a los Hebreos.

¿Qué dice allí el Aquinate?

“En la ciencia de las Escrituras se requiere la rectitud de los afectos, la pureza, el fervor, la humildad y la obediencia a la Palabra de Dios” [ii].

– ¡Exacto! Si nos faltan las virtudes, entonces reina en nosotros el hombre carnal, el cual no entiende las cosas espirituales (cfr. I Cor. 2, 14-15).

Al amigo de Dios, en cambio, al hombre espiritual, al que se preocupa por practicar las virtudes, al que lucha seriamente contra sus pecados, al que intenta ser santo, se le descubren los Misterios de Dios escondidos en las Sagradas Escrituras.

Por esta razón, los Santos nos aventajaron en el conocimiento de las divinas Escrituras.

Así que, si quieres que la Sagrada Escritura se entregue a ti, entrégate seriamente a la lucha contra tus pecados.

  1. Porque no se lee en el mismo Espíritu en que fue escrita.

– Padre Juan, me quedó una duda. Cuando ud. dijo que los exégetas bíblicos se olvidaron del ‘espíritu de la Biblia’, ¿qué quiso decir? [4]

– Quise decir que muchos abordan la Biblia por pura curiosidad o para aparecer más sabios. Pero la Escritura sólo puede ser leída “con sentimientos de piedad, de fe sólida, de humildad, y con el deseo de alcanzar la perfección”[iii]. Ése es el “espíritu” en el cual debe ser leída.

             10. ¡No leemos la Biblia a causa de nuestra suficiencia humana!

           – Es verdad, padre. ¡Cómo nos hinchamos como el hipopótamo, considerándonos ‘sabios’ y ‘satisfechos’ con nuestras obras humanas, que no son sino ‘vanidad de vanidades [5]’ –como dice la Biblia-!

            – Claro, caro… Y “Dios se complace en humillar ese espíritu de “suficiencia humana”, que entre los paganos pasaba por virtud y heroísmo.

“Es éste un constante contraste entre la Biblia y el mundo, que explica, sin duda, en buena parte, el olvido de las Sagradas Escrituras”[iv].

“Mons. Keppler, el aun llorado obispo de Rottenburgo[v], que unía a su celo de pastor, la honda espiritualidad bíblica del exégeta y la vocación apostólica del predicador del Evangelio, nos formuló un día esta verdad profundísima:

‘En buena cuenta, el hombre quisiera que Dios lo admirase y premiase como reconocimiento de sus méritos. Y resulta al revés, que Dios lo ama a causa de su miseria, y tanta más cuanta más miseria tiene, como hace un padre con el hijo enfermo.

El que sienta mortificada su ‘dignidad’ en aceptar, como hombre insignificante, un amor gratuito de misericordia, no podrá entender la pequeñez (que es la verdadera humildad), ni la gracia de la Redención. ¡Y ay de él si, excluyéndose de la misericordia, cree poder contar con merecer un premio según la justicia!”[vi].

– ¡Ja! Por eso dice el idiotita[6] que vende Biblias y es evangélico: ‘¡Cuando el hombre inclina la cabeza ante Dios, Él se la corona!’.

– Ese idiotita es de los sabios a los ojos de Dios …

             11. Porque el hombre moderno no se considera en necesidad de la Misericordia de Dios…

– ¿Qué quiere decir, padre?

– Quiere decir que el hombre moderno cree que no necesita de la Misericordia de Dios, de Su Amor entrañable, de Sus favores…

– ¿Por qué?

– Porque se cree ‘todopoderoso’, un ‘super-man’… Y es por eso que no quiere leer la Biblia, ni la Biblia les descubrirá Sus misterios …

Esa es “la explicación de porqué Dios revela a los pequeños lo que oculta a los sabios… La inteligencia de esos misterios de Dios sólo se adquiere partiendo de la base de la nada del hombre, de su caída original, de su condición actual anormal y miserable …

“Y esto es inadmisible para esos sabios que precisamente son tenidos por tales a base de sus conceptos y empeños humanistas que tienden a exaltar lo que el mundo llama altos valores humanos.

“De suyo todo hombre no es sino flaqueza e inclinación al mal, y el que no admite esto como base no puede entender nada del Padre, cuyos Misterios son todos de Amor y Misericordia para con esa Humanidad caída.

“Pero, quienes nos sentimos así, caídos, reconocemos en Él un Dios como hecho a medida para nosotros.

“Los demás no se interesan ante este tipo de Dios, pues no tienen conciencia de necesitar la misericordia y encuentran humillante y vergonzoso reconocer la maldad e impotencia de la Humanidad”[vii].

– ¿Es por eso que desprecian las verdades que Nuestro Señor Jesucristo nos enseñó en el Evangelio?

– Por eso mismo… “No puede entender nada del Evangelio el que no entiende esa gran revelación fundamental, infinitamente asombrosa, de que Jesús no vino a buscar a los justos ni a los sanos, sino a los enfermos y pecadores.

“Y como Él dijo que no hay ninguno sano, ninguno que no necesite arrepentirse, quiso decir que ‘perecerán todos’ cuantos no se cuenten entre los enfermos y pecadores necesitados de un Salvador”[viii].

– Es verdad, padre Juan. ¡Cuán necio es el ser humano en no querer reconocerse enfermo, necesitado de la ‘salud’ que viene de Dios! ¡Cuán necio en querer salvarse por sus propias fuerzas!

– Jovencito, piensa esto: “¿Cómo el esfuerzo del hombre caído podría ir más lejos que el don redentor de Dios[7], de un valor infinito?”[ix].

             12. ¡No solo cree el hombre que no necesita de Dios, sino que desea incluso tomar Su lugar! 

– ¿Es eso lo que ud. llama –en sus sermones- el Humanismo Ateo?

– Correcto. Léeme, por favor, el final del Salmo 9; “¡No prevalezca el hombre! ¡Que sepan los gentiles que son hombres!”.

– “Es la condenación del Humanismo[8] por el cual el hombre quiere sustituir a Dios. Aún los paganos condenaron esta tendencia en el mito de Prometeo [9]”[x].

            13. Porque no queremos conocer la Voluntad de Dios

– Nos da miedo conocer la Voluntad de Dios; creemos que nos pedirá algo dificilísimo… Entonces, preferimos no conocer Su Voluntad…

¡O peor: estamos tan acostumbrados a hacer nuestra propia voluntad…! Escribía San Agustín: “Vosotros, que creéis lo que queréis y rechazáis lo que no queréis, a vosotros os creéis, y no lo que dice el Evangelio. Queréis ser la autoridad y ocupar el sitio que corresponde al Libro Santo”

Entonces, la misión de la Sagrada Escritura es educarnos y prepararnos a amar, desear y cumplir Su Santísima Voluntad…

             14. ¡No leo la Biblia porque está cargada de obligaciones y mandamientos pesados! 

– Nos da la sensación de que la Religión, y por ende la Biblia, es algo muy pesado y cargado de mandamientos. Tenemos esa falsa impresión porque hemos perdido de vista el Mensaje Central de la Biblia. ¡Cuidado con mirar el Cristianismo como una mera Regla Moral![xi] 

– Entonces, ¿qué es lo principal en nuestra Religión si no lo son los Mandamientos?

– “Lo esencial para el Evangelio está en nuestra espiritualidad, es decir, en la disposición de nuestro corazón para con Dios.

“Lo que El quiere, como todo padre, es vernos en un estado de espíritu amistoso y filial para con Él…”[xii].

– Ver a Dios como ese Padre Misericordioso es un mensaje del Nuevo Testamento, pero no del Antiguo Testamento, ¿no es cierto, padre?

– Te equivocas. “Desde el Antiguo Testamento, que aún ocultaba bajo el velo de las figuras los insondables misterios de Su Amor que el Padre habría de revelarnos en Cristo, descubrimos ya, a cada paso, ese Dios paternal y espiritual cuya contemplación nos llena de gozo y que conquista nuestro corazón con la única fuerza que es capaz de hacernos despreciar el mundo: el amor”[xiii]. Por ende, no es sólo el Nuevo Testamento, sino que “toda la Biblia es una inmenso mensaje de amor paternal”[xiv]. 

 – ¡Ahora entiendo, padre! Y al tener corazón de hijos para con Dios, adquirimos la fuerza para cumplir todos Sus mandamientos, la parte preceptiva (o difícil) de la Religión. 

– ¡Muchacho inteligente! “Del amor a Dios brota de por sí la obediencia a su divina Voluntad”[xv]. “De ese estado de confianza y de amor hace depender, como lo dice Jesús [10], nuestra capacidad –que sólo de El nos viene [11]- para cumplir la parte preceptiva de nuestra conducta” [xvi].

Entonces, dejemos de mirar la Religión Cristiana como algo pesado y difícil… Es el amor el que nos da las fuerzas y el deseo de ser perfectos como Dios es perfecto.

            15. Porque Satanás trabaja en contra

– “Nada preocupa tanto al padre de la mentira… como impedir la obra netamente sobrenatural de penetración de la Palabra del Evangelio en las almas, porque sabe que Ella es la fuerza de Dios para salvar a los que creen (Rm. 3, 12)”[xvii].

             16. No leo la Biblia porque es un Libro que pertenece a otro tiempo y a otra Cultura…

Es verdad, la Biblia fue inspirada en una Cultura muy distinta de la nuestra.

– ¿De qué cultura se trata, padre?

– La humanidad está dividida en dos modos de pensar y sentir: la Cultura Oriental [12] y la Occidental [13]… 

– Si es así, ¿qué tiene que ver aquella Cultura Oriental con la nuestra? ¿No sería mejor que leyesen la Biblia los Católicos Orientales, y nosotros nos dedicásemos a leer los escritos de los Santos Occidentales? 

– ¡Por supuesto que no! ¡El Espíritu Santo ha escrito la Biblia para todos los hombres!

Sin embargo, entiendo tu punto, muchacho. Habrás experimentado, al leer la Biblia por primera vez, la desazón [14] del que se encuentra con un mundo desconocido.

– Leyó mi mente… ¿Qué se hace entonces?

– Primero, debemos despojarnos de la idea de que nuestra Cultura sea la perfecta, y la que puede juzgar a todas las demás. Hemos crecido con un modo de pensar, con una lógica aristotélica [15] o cartesiana [16]; y por eso todo en la Biblia nos parece ‘incoherencias’ y ‘oscuridades’… Sin embargo, ambas Culturas (la Greco-Romana –u Occidental- y la Bíblica –u Oriental-) se complementan para realizar una síntesis [17] de pensamiento más humano… La Civilización Cristiana se asienta sobre estos dos pilares: sus orígenes semíticos [18] y la expansión helenística [19]…

Podemos decir que la Cultura Bíblica (de rasgos orientales) quiere insertarse profundamente en nuestra Cultura helenística (occidental) y quiere informarla…

O sea, la Biblia quiere transmitirnos de nuevo una mentalidad sapiencial [20], recordándonos la primacía de los valores interiores; quiere reeducar en nosotros el espíritu de agudeza [21] y el sentido de lo concreto espiritual [22]; quiere devolvernos la facultad natural de reaccionar -intelectual y moralmente- en el plano de lo real, más que en el plano del concepto; en el ambiente del misterio, más que en la superficialidad del claro y distinto [23].

– ¿En español …?

– O sea, el hombre moderno ha perdido la capacidad de contemplar, el contacto con la naturaleza, los valores familiares, religiosidad, el asombro, el respeto ante el Misterio… La Biblia nos ha devuelto todo eso…

            17. ¡No leo la Biblia porque no soy ‘judío’! ¡Soy Católico y orgulloso de serlo!

– ¿Por qué, padre, ese sentimiento de rechazo hacia los judíos?

– Es una cosa muy complicada para explicarte en pocas palabras. Te recomendaré algunos libros que puedes leer al respecto[24].

– Por otro lado, he leído que San Agustín escribió: “Somos judíos no por la sangre, sino por el espíritu”.

– (se rió profusivamente [25]) ¡Mucha razón tiene! Sin embargo es necesario entender correctamente esta frase.

Mira, has de tener en claro tres cosas:

1º) “Los judíos aventajan a los gentiles porque Dios les ha entregado los oráculos, es decir, las Sagradas Escrituras, que contienen las divinas promesas y dan testimonio del Mesías. Sin embargo, el mérito no es de los judíos; su prerrogativa consiste más bien en haber sido objeto de un especial don y beneficio que Dios realizó al elegirlos como portadores de la Revelación a través de los siglos anteriores a Cristo” [xviii].

2º) “La salvación sólo es posible por la fe en Jesucristo… No hay ninguna nación que en esto sea privilegiada… Por eso, adoremos la sabia Providencia de Dios que dio a todos la capacidad de llegar a Él por la fe, a los judíos y a los gentiles. Como dice el P. José Bover: ‘Los judíos son justificados ‘en virtud de la fe’, inherente a las promesas mesiánicas y como entrañada en ellas; los gentiles, en cambio, son justificados ‘por medio de la fe’, como por un remedio que les vino de fuera’ ” [xix].

3º) Por otra parte, ¡la Biblia es el Libro del Cristiano! ¿Por qué? ¡Porque es “nuestra” historia! La historia del Reino de Dios y de la Salvación del hombre, que ha comenzado en Adán, se ha continuado en Abrahám y el Pueblo de Israel, y ha llegado a su última etapa y madurez en el Cristianismo. Nosotros, al venir de la gentilidad, hemos sido injertados espiritualmente en el linaje de Abraham [xx] y hemos sido hecho Cristianos, pues hacia el Cristianismo caminaba el Pueblo judío [26].

Por eso, la Biblia “es el Libro de la Historia del Cristiano, El que refleja su peregrinar como Pueblo de Dios, desde sus orígenes hasta que el tiempo finalice. “De ahí que el Cristiano necesite leerlo constantemente para sentirse y confirmarse como tal” [xxi].

– ¿Quiere decir, padre, que no debemos sentirnos “extranjeros” en el País de la Biblia?

– ¡Gran alumno eres, figliolo mío!

            18. Ya la leí una vez; ¿tengo que leerla de nuevo?

– Es verdad, eso, padre: ¿cuántas veces hay que leer la Biblia?

– ¡Todas las veces que te sea posible!

El que la leído una vez “no acaba de conocerla perfectamente, y el último tampoco la agotará.

“¡Qué inmenso consuelo el saber que tenemos en las Escrituras un mar sin orillas, cuya exploración jamás se agota y que por tanto no puede nunca hastiarnos, pues nunca llegaremos a encontrarle el límite, como a los demás libros!”[xxii].

– Tiene razón, padre. Escuché que alguien dijo: “He leído 10 veces la Biblia y la última vez la encontré mucho más hermosa y sabrosa que la primera”.

           19. No necesito leer la Biblia pues ya conozco los eventos bíblicos más importantes…

– Ese es el problema, muchachito… Nos conformamos con las Lecturas bíblicas que escuchamos en la Santa Misa y su explicación en el sermón (¡cuando se entiende! [27]).

¿Sabías que las Epístolas y Evangelios de las Misas de los Domingos y días Festivos, no llegan a un 3% de toda la Biblia? Para que los Misterios y gracias que Dios ha escondido para nosotros en Su Palabra nos sean otorgados, necesitamos “familiarizarnos” con Ella.

Las Palabras de la Biblia “son una mina inagotable de oro, a la cual hemos de acudir en todas las circunstancias de la vida, debiendo frecuentarlas mucho hasta familiarizarnos con su lenguaje”[xxiii].

          20. No leo la Biblia porque me basta con saber el Catecismo aprendido de niño y los sermones de los Domingos para salvarme…

– ¡Qué tipo bruto el que escribió esto! ¿no, padre?

– No tanto; en cierto sentido… es correcto.

– What?!!!

– “No hay ningún precepto[28] divino ni apostólico que imponga la lectura personal de la Biblia a todos y a cada uno de los fieles”[xxiv].

– ¡¡¡¿¿¿???!!!

– “El Cielo se abre también a los analfabetos…”[xxv].

– Pe, pero… ¿¡ entonces, es indiferente leer la Biblia o no !?

– Caro mío, no me mal-interpretes; digo que “lo que importa no es la letra, sino la doctrina de la Biblia.

“No cabe duda que aquellos a quienes incumbe la enseñanza de la religión –los pastores[29] de la Iglesia- deben conocerla, pero el fiel puede, según las circunstancias, conocer y vivir la fe que enseña la Biblia sin que haya leído ni una sola frase de ella…

“Son innumerables los católicos que viven con admirable e incluso sublime vida de fe, esperanza y caridad, sin leer directamente la Escritura Santa. Eso sí,  “indirectamente” la conocen…

“Su inteligencia se nutre de la sustancia de la Biblia a través de la Liturgia de la Misa, de los misterios del Rosario, de las oraciones que saben de memoria, y los sermones que oyen… ella…vivir la fe que enseña la Biblia sin que haya leielesin contar los fragmentos de la Biblia publi

“Muchas gentes aldeanas que nada saben de libros, pero que han crecido en el seno de la Tradición Cristiana [30], pueden tener la fe y demás virtudes necesarias para llegar al más alto grado de santidad” [xxvi].

En la pasión de san Felipe, obispo de Heraclea, se nos dice que, durante la persecución de Diocleciano, un juez pensaba arrojar al fuego los Evangelios de los mártires. “Cruel perseguidor -le dijo uno de ellos-, aun cuando te apoderases de todas nuestras Escrituras, de suerte que no quedara ni rastro de Ellas sobre la tierra, nuestros hijos no tendrían más que consultar su propio corazón para encontrar allí grabada la Palabra de Dios. ¡Rasga si puedes ese Evangelio interior escrito en nuestras almas!

Como ves, de uno u otro modo, ¡nutrirse de la Sagrada Escritura es necesarísimo!

          21. ¿Para qué tengo que seguir aprendiendo? 

– Es nuestra soberbia, Gabriel, la que nos hace creer que no tenemos necesidad de seguir aprendiendo … En cambio, “el hombre de intención recta reconoce a cada instante que su fe es pobrísima, y pide aumento de ella casi instintivamente …

  “Mas el hombre soberbio no se aviene[31] a vivir mendigando ese aumento de fe, y entonces se acostumbra a la idea de que ya tiene fe bastante, y construye su vida sobre una falsa idea… Naturalmente rechazará toda posible enseñanza que le muestre la insuficiencia de su fe”[xxvii]. 

Creemos que podemos salvarnos a nosotros mismos, gracias a nuestra sabiduría humana, a nuestra bondad… Sin embargo, “no es nuestra sabiduría la fuente de nuestra justificación[32], como tampoco nuestra bondad nos merece la santificación” [xxviii]. ¡Además, si comparamos nuestra sabiduría humana a la divina, concluimos que sólo Dios es Sabio!

Escucha lo que dice el Profeta Baruc:

“¡Oh Israel, cuán grande es la Casa de Dios [33], y cuán espacioso el lugar de su posesión! Grande es y no tiene término; excelso es e inmenso. Allí vivieron los famosos gigantes [34], que hubo al principio, de elevada estatura, diestros en la guerra. No a éstos eligió el Señor, ni encontraron la senda de la doctrina; por esto perecieron. Y por cuanto no tuvieron Sabiduría perecieron por su necedad. 

¿Quién subió al Cielo y se apoderó de Ella (Sabiduría), y La hizo descender de las nubes? ¿Quién atravesó los mares y La halló, y La trajo por oro purísimo? No hay quien pueda conocer los caminos de Ella, ni investigar sus sendas. 

Solamente Aquel que sabe todas las cosas, La conoce y La descubrió con Su inteligencia; Aquel fundó la tierra para siempre y la pobló de animales y cuadrúpedos; Aquel que envía la luz y ella marcha; la llama y ella obedece temblando. 

Las estrellas difunden su luz en sus atalayas, y lo hacen con alegría. Fueron llamadas, y dijeron: “Aquí estamos”; y gozosas dieron luz al que las creó. Éste es nuestro Dios, ningún otro será reputado por tal a su lado. Él halló todos los caminos de la Sabiduría, y La dio a Su siervo Jacob, y a Israel, su amado. Después de esto, se ha dejado ver sobre la tierra, y conversó con los hombres” (3, 24-38).

Como ves, amigo mío, “la Sabiduría no se encuentra entre los hombres, porque pertenece a Dios: “¿Quién halló la morada de la Sabiduría?” (v. 15)

Sin embargo El la pone a disposición de los hombres en Su Palabra revelada y se apresura a prodigarla a todo el que la desea”[xxix].

           22. ¡No leo la Biblia porque está llena de DIFICULTADES!

– Escuche, padre, lo que alguien escribía en un Blog en el que se preguntaba ‘porqué le cuesta tanto a la gente leer la Biblia’:

‘Por que es muy grande; yo nunca la he leído ni tocado’. Y otro:  ‘Mientras hayan películas en 3D, que se quiten los libros pesados’

¡Qué bruto!

– Jovencito, el facilismo y la pereza nunca han formado grandes hombres…

– Padre, hasta yo mismo me he preguntado tantas veces: ‘Amo a Dios, pero ¿por qué no puedo entender lo que me está diciendo por medio de Su Palabra?

– Las dificultades, y todo obstáculo en general, han de convertirse, más bien, en un desafío para tu inteligencia y tu corazón, impulsándote a leer y estudiar más todavía.

– Tiene toda la razón, padre Juan. Una vez fui a una degustación de las mejores cosechas de vino en San Rafael. Este era el lenguaje de los enólogos y expertos:

   ‘Es un vino aterciopelado; vino goloso, carnoso, con un dejo a pimienta negra, flores blancas; redondo; cuando ingresa en la boca acaricia, es sedoso…’

¡No entendía nada!

Comprendí que si quería entender, necesitaba aprender y familiarizarme con un nuevo lenguaje. Entonces, si en la degustación de un vino es necesaria tanta descripción, por su complejidad, ¡cuánto más al tratar los Misterios divinos!

– ¡Exacto, muchacho! Es necesario estar dispuesto a aprender muchas cosas nuevas. Por eso, acostúmbrate a anotar en un cuaderno las dificultades, expresiones raras, etc., que encuentres, para luego consultar.

Por otro lado, no te detengas en los textos difíciles y obscuros, ni te obstines[35] en penetrarlos a toda costa; conviene que pases con ánimo tranquilo, aunque guardando su recuerdo, al capítulo siguiente …

Proceder así da humildad a tu espíritu, y a tu ojo la sencillez, que es la verdadera clarividencia. Entonces, a una mirada pura, la Biblia entregará pronto sus secretos. Recuerda: lo que Dios oculta a los sabios e inteligentes del siglo, será revelado a los pequeños.

Pero si la obscuridad persistiera, aprende a esperar la luz. Haz que tu vida sea más justa y más recta para obtener de Dios esa gracia: la inteligencia de Su Palabra. Por otro lado, ninguna creatura podrá develar todos los Misterios contenidos en la Biblia… ¡tendrías que ser el mismo Dios!

            23. La Biblia es para los sacerdotes. Los laicos la escuchamos de ellos en los sermones. Para nosotros hay otras obras más sencillas que nos hacen mucho bien.

– Esto me lo dijo una vez una parroquiana: ‘La Biblia es para gente como ustedes, los sacerdotes; y la escuchamos de ustedes en los sermones. Para nosotros, los laicos, hay otras obras que nos hacen mucho bien. 

Una cosa no quita la otra. Es verdad que el sacerdote es el primero que debe familiarizarse con la Sagrada Escritura, y que muchos laicos, por distintas razones, nunca leerán la Biblia o sólo una mínima parte de Ella. Por eso el Sacerdote debe esforzarse en llevar los Tesoros bíblicos a la mayor cantidad de almas encomendadas a su ministerio… si es que desea alimentarlas bien … or otro lado, hay muchos laicos que, pudiendo dedicar tiempo a la Sagrada Escritura, pierden el tiempo con libros que se dicen religiosos, pero son superficiales, de mero sentimentalismo, ¡y a veces herejes! ¡Pobres!, pues son engañados por quienes deberían guiarlos a la verdad …

Finalmente, hay muchos otros que leen muy buenos libros de espiritualidad, pero deberían aprender a dividir el tiempo, para leer también del Libro de Espiritualidad por excelencia, ¿no te parece?

A los fieles, les ruego: no piensen que estudiar la Biblia sea una empresa demasiado grande, siendo que es un Tesoro que Dios ha dejado para los sencillos de corazón …

            24. No leo la Biblia porque los Sacramentos –especialmente la Eucaristía- son más importantes!

– Padre, tengo amigos, muy buenos Católicos, a los cuales la Eucaristía les parece lo más importante, mientras que la Biblia pertenece, según ellos, a los medios de salvación secundarios.

– Concedemos lo primero…, ¡pero negamos lo segundo!

Es innegable la primacía [36] de los Sacramentos en el orden de la acción salvífica… Sin embargo, aunque la Biblia no sea un Sacramento, ello no disminuye en nada la importancia de su papel en la Economía de la Salvación [37], ni lo hace medio secundario de salvación. ¿O no sabías que “antiguamente, el Evangelio se conservaba en la Iglesia, junto al Santísimo”[xxx]?

Así lo afirmó el Papa Benedicto XVI, “Palabra y Eucaristía se pertenecen tan íntimamente, que no se puede comprender la una sin la otra” [xxxi]. Permíteme señalarte algunas razones más profundas:

1° LA BIBLIA ‘ES PREPARACÓN OBLIGATORIA’ A LA EUCARISTÍA

¿Por qué la Santísima Virgen mereció concebir al Verbo en su seno? Porque lo concibió primero en su mente y en su corazón a través de la meditación de las Sagradas Escrituras.

Ésta es una de las funciones de la “Palabra escrita”: engendrar en nosotros el amor por el Verbo de Dios, para luego ir a su encuentro en la Sagrada Eucaristía.

Escucha lo que dice el P. Alfredo Saenz:

“Sólo después de tres años de Predicación doctrinal y moral procedió el Señor a la realización de Su Sacrificio. Justo es, pues, que antes de tomar parte en la renovación de éste Sacrificio (la Misa), nos preparemos oyendo la Palabra.

“Las Lecturas (de la Sagrada Escritura en la Misa) tienen por objeto no sólo la mejor inteligencia del Misterio, sino también la inmolación moral del fiel, la purificación del corazón, de modo que se haga digno de ofrecerse en sacrificio con Cristo.

“Moisés, antes de confirmar la Alianza y de esparcir sobre el Pueblo la sangre de las víctimas, tomó el Libro de la Ley, leyó en alta voz los Mandamientos de Dios, e hizo jurar al Pueblo su observancia; así en la Misa, antes de derramar sobre las almas la Sangre de la Alianza nueva y eterna, la Iglesia prescribe que se lea la Ley (Lecturas), la explica (Homilía o Sermón) y exige una Profesión de fe (Credo).

Dice el Concilio Vaticano II: “Las dos partes de que consta la Misa, a saber, la Liturgia de la Palabra y la Eucaristía, están tan íntimamente unidas que constituyen un solo acto de culto” [xxxii].

De hecho, uno de los mayores obstáculos que encuentran muchísimos católicos para comprender y vivir debidamente la Misa, el Sacrificio de Cristo, es su ignorancia bíblica (como ya te he mencionado, las Epístolas y Evangelios de las Misas de los Domingos y días Festivos, no llegan a 3% de toda la Biblia).

O como me decía, mi amigo, el padre Ervens: ‘Para comprender mejor el Sacrificio de la Misa, habría que estudiar bien el Libro del Levítico’

“Al Pueblo cristiano le falta una base esencial: el conocimiento de la Biblia… Los ritos de la Liturgia son incomprensibles sin una referencia a los acontecimientos de la Biblia… Si a tantos fieles les cuesta entender el sentido de una Epístola de San Pablo, es en primer lugar porque no la han colocado jamás en su contexto, y, además, porque su comprensión supone conocer bien los hechos de la Historia de Israel”[xxxiii].

Hemos de penetrar cada vez más en el Misterio Eucarístico por la meditación y estudio de la Sagrada Escritura.

Por eso, es inútil oponer la Eucaristía a la Escritura Santa, pues el ‘centro’ y ‘corazón’ de la misma Biblia es la Eucaristía [xxxiv]

2° LA BIBLIA ES YA ‘PRESENCIA’ DE DIOS

La Sagrada Escritura no es solamente un medio de ‘preparación’ a la recepción de la Eucaristía…

Sigue diciendo el Padre Saenz:

“En la Liturgia, la Palabra de Dios no debe ser simplemente leída, sino celebrada. Se celebra la presencia de Dios ante los fieles por la comunicación de Su Palabra.

“En la Liturgia, Dios habla a Su Pueblo, y Cristo sigue anunciando el Evangelio. Y el Pueblo responde a Dios con el canto y la oración” (¡Diálogo sublime!). O sea, estamos ante una PRESENCIA única y superior de Dios, diferente de la Presencia Sacramental (Eucarística).

No se trata, pues, de un libro más que nos ‘inspira’ amor a Dios… Aunque haya querido revestirse con palabras humanas, se trata de “Dios mismo hablándonos”, como si estuviésemos delante de Él; como cuando Moisés habló con Él delante de la zarza ardiente, o el Profeta Elías habló con Él en la suave brisa.

Por eso afirma el gran San Agustín: “Verus Christus et in verbo et in carne”.

3° LA BIBLIA ES ‘ALIMENTO’

La Eucaristía se ordena a alimentar laVida Cristiana. En ésta misma línea se sitúa la Sagrada Escritura. También su función es alimentar la Vida Cristiana.

Así lo afirma el Cardenal Gomá: “… invitando a los fieles a que se nutran del pan de la Palabra de Dios, en la seguridad plena de que hallarán la hartura[38] que no es capaz de producir más que éste otro Pan sobre-substancial, la Santísima Eucaristía, en la que está personalmente el mismo Autor del Evangelio” [xxxv].

“Se trata, pues, de un doble alimento: el Pan de la Palabra y el Pan de la Eucaristía. Son, precisamente, las dos partes que integran el capítulo sexto del Evangelio de San Juan, el capítulo de la Catequesis Eucarística” (Padre Saenz).

También escribió el gran Hugo Wast: “La Eucaristía, que es el Cuerpo real de Cristo, y la Biblia, que es la verdadera Palabra de Dios, son los alimentos por excelencia del alma católica” [xxxvi].

– ¿En qué sentido es la Sagrada Escritura ‘pan’ para el Cristiano?

– Lée el Libro del Profeta Jeremías 15, 16

“Cuando yo hallé Tus Palabras, me alimenté con Ellas; y Tus Palabras eran el gozo y la alegría de mi corazón”.

– Ahora el Profeta Ezequiel 3, 1-3

“Y me dijo (Yahvé): ‘Hijo de hombre, come lo que tienes delante; come éste rollo; y anda luego y habla a la casa de Israel’. Abrí, pues, mi boca, y dióme de comer aquel rollo. Y me dijo: ‘Hijo de hombre, con este rollo que te doy, alimentarás tu vientre y llenarás tus entrañas’. Y yo lo comí, y era en mi boca dulce como miel”.

Es Dios mismo quien nos manda alimentarnos de estas dos mesas, que no ofrecen sino un mismo pan: Jesucristo. Ambas mesas han sido preparadas por el Espíritu Santo.

Hilando más fino, digamos que la Biblia nutre el pensamiento del creyente con la Luz del Espíritu, el Pensamiento divino; mientras que la Eucaristía nutre el amor del creyente con la Carne del Verbo Encarnado. ¡La Sagrada Escritura nos alimenta con el Pensamiento de Cristo; la Eucaristía con la Vida misma de Cristo!

Así lo afirma hermosamente la Imitación de Cristo:

Así que me diste (oh Señor), como a enfermo Tu sagrado Cuerpo para recreación del ánima y del cuerpo, y pusiste para guiar mis pasos una candela, que es Tu Palabra. Sin estas dos cosas ya no podría yo vivir bien, porque la Palabra de Tu boca luz es del alma, y tu Sacramento es pan de vida. También éstas se pueden decir dos mesas puestas en el sagrario de la Santa Iglesia, de una parte y de otra. La una mesa es el Santo Altar, donde está el Pan santo, que es el Cuerpo Preciosísimo de Cristo; la otra es de la Ley divina, que contiene la Santa Doctrina, y enseña la recta fe, y nos lleva firmemente hasta lo secreto del velo, donde está el Santo de los Santos” [xxxvii].

4° ¡LA MISMA EUCARISTÍA NOS CONDUCE A LA BIBLIA!

¡Por su parte, uno de los fines de la Eucaristía es la de fortalecernos para poner en práctica la Palabra de Dios! Gabriel, debe decirse de nosotros lo que dice de los Santos el Libro del Apocalípsis: “Ellos le han vencido en virtud de la Sangre del Cordero y por la Palabra, de la cual daban testimonio” (12, 11)

“Notemos las armas que dan el triunfo: la Sangre del Cordero y Su Palabra” [xxxviii].

25. Ya creo en el Amor de Dios. No necesito convencerme más de ello leyéndo la Biblia.

Pensamos que basta con ‘saber’ que Dios nos ama… Muy diferente es un conocimiento simple o superficial de esta verdad, al convencimiento que se obtiene por la meditación vívida de la Sagrada Escritura.

Por esta razón se queja la Doctora del Amor divino[39]:

“Jesús no encuentra sino ingratos e indiferentes entre los Cristianos del mundo y entre sus discípulos. ¡Ay! Existen tan pocos corazones que se entregan sin reserva alguna a la ternura de Su infinito Amor” [xxxix].

– Padre, si tuviese que sintetizar el mensaje de TODA la Biblia en pocas palabras, ¿cuáles serían esas?

– ¡Excelente pregunta! Memoriza “éste versículo, que encierra la revelación más importante de toda la Biblia” [xl]: 

“Porque así amó Dios al mundo hasta dar su Hijo único, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Jn. 3, 16).

            26. ¡En mi Iglesia los Lectores leen muy mal!

Se habla mucho de la importancia de la Palabra de Dios, del Ministerio del Lectorado, etc., pero poco se preocupan los párrocos en que se celebre dignamente la Liturgia de la Palabra en la Santa Misa; poco se preocupan en preparar a los Lectores; ni se observan las sabias rúbricas o normas de la Iglesia…

Se excusan diciendo que ‘la gente hoy en día es demasiado sencilla, no sabe leer bien, no hay que ser tan exigente, hay que adaptarse a la realidad’, etc., etc…, cuando bastaría un mínimo esfuerzo para educar a los fieles, formar un grupo de Lectores, etc.

O dicen que ‘es más importante trabajar en la segunda parte de la Misa, la Liturgia Eucarística’… Pero, ¿qué mejor preparación a la Liturgia Eucarística que la Liturgia de la Palabra?

            27. No La leo porque mi párroco no nos explica las Lecturas Bíblicas en sus prédicas, ni nos aconseja que La leamos…

– (Aquí, el padre Juan, pasó lentamente sus manos por la cabeza… -parece que es algo que le duele mucho- y me mandó a traer otro libro de su Biblioteca: La Biblia y la Predicación del Cardenal Gomá y Tomá). Leí unos párrafos y le dije:

– ¡Padre, es impresionante lo que escribe aquí el Cardenal! Escuche: “No nos quejamos ya de que no la lea el Pueblo, sino de que no la lea el sacerdote, adoctrinador del pueblo en las cosas de Dios” [xli].

– ¡Y eso lo escribió en 1950 !… Piensa si no se habrá agravado en nuestros tiempos … Hijo, en el mejor de los casos, los sacerdotes acuden a la Biblia para salir del paso con alguna cita. Convierten la Biblia en un Índice de textos o un recetario útil para ilustrar alguna enseñanza.

– ¡Por eso no La hacen gustar a los fieles!

– Léeme, por favor, al Profeta Ezequiel 3, 1

“Y me dijo (Yahvé): ‘Hijo de hombre, come lo que tienes delante; come éste rollo; y anda luego y habla a la casa de Israel”.

– ¿Te das cuenta? “El Profeta, antes de asumir su misión, debe asimilarse completamente al contenido del volumen e identificarse con él, pues “nadie da lo que no tiene”.

“San Jerónimo aplica éste pasaje de Ezequiel a los sacerdotes, los cuales han de rumiar y asimilar las Sagradas Escrituras para poder instruir a los fieles” [xlii].

– ¿Por qué los sacerdotes han Abandonado la Biblia, padre?

– Las razones son varias:

1° Se excusan, diciendo que el Sacerdote está llamado a predicar TODA la riqueza de la Doctrina Católica (el Credo, los Sacramentos, la devoción a la Santísima Virgen, las vidas de los Santos, los Mandamientos, la Oración, etc.), y no solamente la Biblia

Pero deben entender que toda esta riqueza de la Teología Católica hunde sus raíces en la Sagrada Escritura; y si no penetramos estos misterios a través de la meditación de la Palabra de Dios, seremos predicadores superficiales y sin fuerza.

Pío XII: “Los sacerdotes… confirmen asimismo la doctrina cristiana con sentencias tomadas de los Sagrados Libros, ilústrenla con preclaros ejemplos de la Historia Sagrada, y expresamente del Evangelio de Cristo Nuestro Señor” [xliii].

Así aconsejaba San Jerónimo al sacerdote Nepociano: «La predicación del presbítero debe estar sazonada con la lección de las Escrituras».

2° En reacción al Protestantismo…

“¿Por qué no utilizamos, o apenas utilizamos la Biblia? Todos saben que la razón principal de ello es la reacción contra el Protestantismo. Por reacción, el Catolicismo ha reforzado la ‘matemática’ del dogma. Pero, como en toda reacción, ha llevado el procedimiento un poco lejos, con detrimento de la armonía que en la presentación de la verdad cristiana debe reinar entre la Escolástica y el don revelado de la Escritura… Psicológicamente nos ponemos en guardia no bien oímos hablar de utilizar la Biblia a fondo y de darla a nuestras gentes” [xliv].

3° Se piensan muy ocupados como para dedicarse al estudio de la Sagrada Escritura…

Escribía el padre Leonardo Castellani: “La mayoría de los sacerdotes –desmiéntanme si yerro- abandonan la lectura de la Biblia, el Breviario se les vuelve una carga, y apenas consultan cuando mucho el Nuevo Testamento; al cual entienden como les parece. Esta actitud es bien comprensible si Ud. cree que la Biblia es un libro del pasado, difícil de entender y ya cumplido en su mayor parte; si el Antiguo Testamento no encierra sino figuras de Cristo y de la Iglesia, las cuales habiéndose cumplido más o menos, han sido evacuadas… El Sacerdote tiene mucho que hacer como para ponerse a contemplar la destrucción de Tiro por los caldeos, o el Onus Moab, o la amenaza de Yahvé contra los moabitas… ‘¡Qué moabitas ni que historias!’ En cuanto a las figuras antiguas de Cristo en los héroes hebreos, como Sansón o David, serían útiles si uno tuviera que convertir a los judíos; pero la conversión de un judío, empresa hercúlea, no puede entusiasmar a un párroco cargado de funerales y bautizos. Así pues, los sacerdotes dejan el estudio de la Biblia a los profesores de Escritura” [xlv].

“La Biblia no se revela más que a quien, según la expresión de Claudel, “vive en ella” por una frecuentación asidua y perseverante. Ahora bien, ¿dónde encontrar el tiempo, dónde hallar sobre todo la paz de espíritu y de corazón necesaria para descubrir sus secretos, cuando nos dejamos arrastrar por la vorágine del activismo” [xlvi]

Y el Cardenal Isidro Gomá y Tomás, de Toledo: “El primer deber del predicador será estudiar las Sagradas Escrituras. Este estudio no es el de una asignatura; debe ser de toda la vida sacerdotal, porque es estudio fundamental para la vida del espíritu y para el ejercicio del ministerio en el púlpito y fuera de él; tanto y hasta cierto punto más que el mismo estudio de los textos de la teología y de la moral” [xlvii].

4° Dicen que basta con ser sencillos (la santa rusticidad), y no es esencial la erudición…

“Escribía San Jerónimo a San Paulino: «Porque la santa rusticidad sólo aprovecha al que la posee, y tanto como edifica a la Iglesia de Cristo con el mérito de su vida, otro tanto la perjudica si no resiste a los contradictores. Dice el profeta Malaquías, o mejor, el Señor por Malaquías: “Pregunta a los sacerdotes la Ley”. Forma parte del excelente oficio del sacerdote responder sobre la Ley cuando se le pregunte. Leemos en el Deuteronomio: “Pregunta a tu padre, y te indicará; a tus presbíteros, y te dirán…” ¿Ves cuánto distan entre sí la santa rusticidad y la docta santidad?».

“En carta a Marcela vuelve a atacar irónicamente esta santa rusticidad de algunos clérigos: “La consideran como la única santidad, declarándose discípulos de pescadores, como si pudieran ser santos por el solo hecho de no saber nada». ¿Y cómo enseñarán los eclesiásticos a los demás el camino de la salvación si, abandonando la meditación de las Escrituras, no se enseñan a sí mismos?”

(Y se queja Benedicto XV): “¡Cuántos ministros sagrados, por haber descuidado la lectura de la Biblia, se mueren ellos mismos y dejan perecer a otros muchos de hambre” [xlviii].

5° Predican sus propias ideas… y sólo se sirven de textos o historias bíblicas para ilustrar meros juicios humanos…

León XIII : « Obran, pues, con torpeza e imprevisión los que hablan de la religión y anuncian los preceptos divinos sin invocar apenas otra autoridad que las de la ciencia y de la sabiduría humana, apoyándose más en sus propios argumentos que en los argumentos divinos. Su discurso, aunque brillante, será necesariamente lánguido y frío, como privado que está del fuego de la palabra de Dios (14), y está muy lejos de la virtud que posee el lenguaje divino” [xlix].

        “«No me gusta que seas —escribe San Jerónimo al sacerdote Nepociano— un declamador y charlatán, sino hombre enterado del misterio y muy versado en los secretos de tu Dios. Atropellar las palabras y suscitar la admiración del vulgo ignorante con la rapidez en el hablar es de tontos»…” [l]. 

          “La composición de una Homilía, sea exegética o temática, supone un estudio directo del texto bíblico sobre que se predica. Ya no es en este caso la Escritura un elemento de aportación, más o menos homogéneo con el pensamiento que intentamos desarrollar, sino que el mismo texto suministra la materia y es como el ‘motivo’ o tema general de la predicación, que no puede desentenderse del sagrado texto sino para las inmediatas aplicaciones que de él derivan” [li].

Existe otro peligro, según San Jerónimo: “El orador sagrado está expuesto cada día al grave peligro de convertir, por una interpretación defectuosa, el Evangelio de Cristo en el evangelio del hombre”.

“El apostolado bíblico… consiste en dejar hablar directamente a Cristo cada vez que podemos hacerlo… “Purificar nuestro pensamiento integrándolo en el de Cristo” [lii].”

          Y San Jerónimo: “Piensan que todo lo que dicen es ley de Dios, y no se dignan averiguar qué pensarán los Profetas y los Apóstoles” [liii].

6° No meditan las Sagradas Escrituras

No podemos contentarnos con ‘citar’ la Sagrada Escritura; debemos ‘meditarla’ primero. Por eso pide la Santa Madre Iglesia que los sacerdotes, que se han consagrado legítimamente al Ministerio de la Palabra, estén familiarizados con las Escrituras por la “asidua” lección sagrada y el “esmerado” estudio. De otro modo, se tornan vanos predicadores por fuera de la Palabra de Dios, por no ser oyentes de Ella por dentro.

Dice san Agustín: «Pierde tiempo predicando exteriormente la Palabra de Dios quien no es oyente de Ella en su interior [liv]».

El sacerdote debe ser el primero en cultivar una gran familiaridad personal con la Palabra de Dios: «no le basta conocer su aspecto lingüístico o exegético, que es también necesario; necesita acercarse a la Palabra con un corazón dócil y orante, para que ella penetre a fondo en sus pensamientos y sentimientos y engendre dentro de sí una mentalidad nueva: “la mente de Cristo” (1 Co 2,16) [lv]»

7° Por una pobre Formación en el Seminario

 Antonio Rosmini afirmaba que la llaga en la mano derecha de la Iglesia era la insuficiente educación bíblica y teológica del clero. Y San Buenaventura: “Si los fundamentos o cimientos de la Iglesia consisten en la ciencia de la Sagrada Escritura, el que no sabe la Sagrada Escritura (qui sacram Scripturam nescit) ha de ser desechado del ejercicio y de la dignidad eclesiástica. Si un ciego quisiera guiar a otro, sería la mayor necedad”[viii].

8° Piensan que la Biblia es un Apostolado más, entre muchos otros

 El Abate Laloux le escribía a los sacerdotes: “¿Hasta qué punto utilizamos la Biblia en el ejercicio del apostolado? Nadie, a decir verdad, la descuida. Uno hace esto y otro aquello que se sale de lo ordinario. Pero es preciso reconocer que no está en nuestras preocupaciones esenciales la utilización racional, sistemática y permanente cuyo resultado habría de ser entre nuestras gentes un conocimiento real, una lectura asidua de la Biblia, y una vida intensa y personal procedente de ese contacto… Sería demasiado inocente el creer que bastaría que el pueblo volviera a tener ese contacto directo con la Palabra inspirada, para que pudiéramos dar por descontado un retorno a la fe, a la vida de la fe… Abrir a todo el pueblo ese Libro de vida, hacerlo comprender y amar, he ahí lo que debiera ser nuestra gran preocupación pastoral”.

9° No entienden la Urgencia de predicar la Sagrada Escritura

Escribía el P. Sertillanges: “Predicad el Evangelio, mis queridos amigos. No hay cosa más actual, ni cosa que corra más prisa. Es el pan que necesitan las turbas hambrientas, envenenadas por sucias mezclas. El día en que se eleve una voz potente para anunciar el Evangelio de los tiempos modernos, el mismo, adaptado a nuestras realidades, a nuestras costumbres de espíritu, a nuestra experiencia y a nuestras aspiraciones legítimas, desde ahora os digo que esa voz será como la de Juan el Bautista…, que una nueva propagación de la Palabra eterna nacerá, que el mundo revivirá espiritualmente…” [lvii].

10° No creen en el poder de la Sagrada Escritura; que no depende de la elocuencia humana, o de los dones del sacerdote…

Dice Isaías 50, 11: “Como la lluvia y la nieve bajan del cielo, y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, y la fecundan y hacen germinar, para que dé simiente al que siembra y pan al que come; así será la Palabra mía que sale de mi boca: no volverá a Mí sin fruto, sin haber obrado lo que Yo quería, y ejecutado aquellas cosas que Yo le ordenara”.

“¿Ves qué consuelo para el predicador si predicase la Palabra de Dios? Ésta jamás dejará de dar fruto; está dotada de fertilidad sobrenatural, y nunca hemos de creer que predicamos de balde [40].

“Podemos preguntarnos si creemos realmente aún en la fuerza de la Palabra evangélica de la que somos Ministros. Si creemos que tenemos a nuestra disposición un poder que es, hoy también, más fuerte” [lviii].

11° Descuidan el ejercicio de la Predicación

Encaran sus sermones como meras Charlas o Pensamientos píos o morales. ¡Pero se trata de un DEBER del Sacerdote! Deber de comunicar a los fieles que les han sido confiados, las riquezas copiosas de la Palabra divina [lix].

“El don de la Palabra es el don más apetecible para nosotros los sacerdotes. Es un don que está como anexo a nuestro Ministerio y Orden Sacerdotal. Casi como una gracia propia de nuestra ordenación. Como todos los dones que el Padre está deseoso de derramar, ha de pedirse con plena confianza, disponerse para recibirlo, reconocerlo cuando actúa, sin confundirlo con algo nuestro (¿qué tienes que no hayas recibido?), recibirlo efectivamente, agradecerlo y alegrarse con él, y por fin secundarlo y cultivarlo, atesorarlo y no menospreciarlo para no perderlo por el abuso o el desuso…” [lx].

 Escribe Fray Bernardo de la Virgen del Carmen: “Ofrecer a los mortales Palabras de Vida Eterna es una misión inherente al Sacerdocio, es un Ministerio divino. La palabra sacerdotal es un eco de la Palabra de Dios; mediante Ella, el apóstol continúa la Encarnación del Verbo. Si el Verbo se encarnó substancialmente en Cristo, accidentalmente se encarna en la palabra de sus ministros. El misterio de la Encarnación es unir la Persona del Verbo a la naturaleza del hombre; la Predicación es unir la palabra divina a la palabra humana. Somos algo así como la ‘boca de Dios’…”

 Lo afirma el Cardenal Gomá: “De éste abandono general del estudio de las Escrituras (por parte del sacerdote) ha venido el incomprensible divorcio entre la Biblia y la Predicación. Divorcio que ha causado el enrarecimiento paulatino, en la inteligencia popular, de esta atmósfera formada por las cosas divinas de la Biblia y  que favorecía el desarrollo de la semilla de la Palabra de Dios predicada. Y a medida que el conocimiento y uso de la Biblia ha disminuido en la Predicación, se ha hecho ésta más individual y más humana” [lxi].

 Concluyendo…

Escribía San Jerónimo al monje Rústico: «Haz de tu celda un paraíso; recoge los frutos variados de las Escrituras, saborea sus delicias y goza de su abrazo… Nunca caiga de tus manos ni se aparte de tus ojos el Libro Sagrado; apréndete el Salterio palabra por palabra, ora sin descanso, vigila tus sentidos y ciérralos a los vanos pensamientos».

 En fin, “ojalá que la Sagrada Escritura, para bien de Sacerdotes y Pueblo, volviera al honor en que antiguamente la tuvieron los predicadores de la Palabra de Dios, y pudiera llamársela hoy, como en pasados tiempos, el Libro del Sacerdote: Liber sacerdotalis, según frase de San Ambrosio” [lxii].

(Y elevaba, el padre Juan, sus ojos al cielo, y parecía que le hablaba a todos los sacerdotes del mundo…) “¡Volvamos a Ella. Lo quiere la Iglesia, lo pide a voz en cuello el Pueblo, cuya fe languidece porque le falta la savia de la Palabra de Dios!” [lxiii].

             28. La última objeción: ¡No leo la Biblia porque no se cómo!

 – Me extendió una carta que le habían escrito, y me pidió que la leyera en voz alta. Decía así:

 Mire, padre, le voy a hablar con franqueza:

Hace algún tiempo compré una Biblia con intención de leerla. Comencé por la primera página y leí todo el Génesis y el Éxodo, pero en los primeros capítulos del Levítico abandoné la lectura, pues me aburría soberanamente. Me perdía entre tanta literatura extraña. Estaba desorientado. Llevado por la curiosidad, todavía hojeé algunas páginas del Libro de Job y de los Proverbios.

Al cabo de algunos meses volví a tomar la Biblia en mis manos y comencé a leer el Nuevo Testamento. Esto ya era otra cosa. De los Evangelios recorrí ciertos pasajes, varios de los cuales no conocía. Los entendí bastante bien, aunque sin distinguir las características de cada Evangelio. Bastantes textos que leí de San Pablo me parecieron difíciles de entender.

Total, que la Biblia, sobre todo el Antiguo Testamento, terminó por decepcionarme. El Libro que compré con tanta ilusión, está hoy arrinconado en la estantería de mi biblioteca. Sin embargo, estoy algo inquieto, pues oigo decir a los sacerdotes: ‘La Biblia es la Palabra de Dios’; ‘Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo’; ‘Todo buen cristiano debe leer la Biblia’.

Padre, ¿no conoce usted algún librito que enseñe, con sencillez y claridad, a conocer la Biblia, a leerla y a entenderla con provecho?”[lxiv].

 – Ya ves, hijo; la Biblia no puede leerse ni entenderse provechosamente si no somos guiados. ¡Cuántas almas ansiosas de gustar las riquezas de éste sagrado Libro, y no hay quién les enseñe!

 

[1] Pedagogía: que sigue un método de enseñanza, que procede poco a poco, para hacer entender algo más difícil

[2] Profesión de impiedad: mostrarse impío, enemigo de Dios

[3] Ovejita de Dios: así solía llamar San Francisco de Asís a sus discípulos

[4] ver nro. 6

[5] vanidad: sin valor; por ejemplo, a los ojos de Dios no es importante la persona talentosa, sino cómo usa de ese talento. Por eso, un talento humano, es algo “vano” si no se usa para la gloria de Dios.

[6] idiotita: No es un ‘desprecio’, sino el modo en que la gente solía llamar a las personas con alguna discapacidad mental; son los que -muchas veces- tienen un corazón más puro que los que nos llamamos ‘sanos’. El idiotita que vende Biblias es un personaje del cuento o parábola “Viaje a Jerusalén”, del libro Doce Parábolas Cimarronas, del Padre Leonardo Castellani¸ ¡que recomendamos leer!

[7] don redentor: principalmente la Encarnación y Muerte de Cristo en la Cruz.

[8] humanismo: humanismo entendido en su sentido negativo, en cuanto se quiere oponer la fuerza del hombre a la fuerza de Dios. El hombre que se considera sin necesidad de la ayuda divina; la humanidad soberbia.

[9] Prometeo: personaje de la mitología Griega. Robó el ‘fuego del Cielo’ y Zeus lo castigó.

[10] Jn. 6, 29; 14, 23s.

[11] Jn. 15, 5

[12] Oriente: Asia y las regiones inmediatas a ellas.

[13] Occidental: Europa y América principalmente.

[14] desazón: sinsabor

[15] lógica aristotélica: el modo de pensar de Aristóteles: un modo realista y correcto.

[16] lógica cartesiana: el modo de pensar de Descarte: dudar de todo; lamentablemente, la lógica de muchos de los hombres modernos. Veneno para nuestra educación…

[17] síntesis: reunir varias partes en un todo

[18] semítico: descendiente de Sem, uno de los padres de la Humanidad. O sea, de origen hebreo, judío, etc. Un modo de pensar de Oriental.

[19] helenístico: descendiente de Grecia. Representa el modo de pensar Occidental.

[20] mentalidad sapiencial: volver a pensar las cosas buscando la sabiduría en ellas, y no superficialmente, como suele hacerlo el hombre moderno, ni conformándose con lo breve y sintético, como acostumbra el pensamiento occidental, sino bebiendo de las fuentes profundas del pensamiento.

[21] espíritu de agudeza: penetrar, con la mente, la esencia de las cosas, buscar los ‘porqués’ más profundos de la realidad.

[22] sentido de lo concreto espiritual: valorar las cosas espirituales, que son tan reales –y más- que las materiales.

[23] claro y distinto: no querer entenderlo todo –lo cual es imposible-, sino aceptar el misterio y aprender a moverse dentro de él.

[24] Por ejemplo “Los tres pueblos bíblicos”, del Padre Julio Meinvielle

[25] profusivamente: abundantemente

[26]Aunque fueron pocos los judíos que –de hecho- lo alcanzaron; aunque, al final de los tiempos, serán re-injertados en el Pueblo de Dios, según lo enseña la Biblia misma: Romanos 11, 25-26

[27] De esto se quejaba también el Padre Castellani… Hay sermones que…, ¿quién sabe lo que quiso decir?

[28] precepto divino o apostólico: mandamiento que haya impuesto Dios o la Iglesia

[29] pastores de la Iglesia: el Papa, los Obispos y los Sacerdotes

[30] crecer en el seno de la Tradición Cristiana: crecer en una familia o Sociedad imbuida de valores cristianos

[31] aviene: resignarse a

[32] justificación: la santificación que Dios quiere obrar en nosotros, la purificación es parte de esta justificación. Dios quiere hacernos ‘justos’ en el sentido bíblico.

[33] el admirable universo

[34] los antediluvianos

[35] Obstinarse: porfiar con terquedad, mantenerse firme en una decisión.

[36] primacía de los Sacramentos: los Sacramentos tienen un valor superior único entre todas las cosas sagradas de la Iglesia en cuanto a su eficacia, a su modo de operar y obtenernos la gracia.

[37] Economía de la Salvación: el Plan que Dios ha instituido para salvarnos.

[38] hartura: llenar el vientre (o el alma), hartarse de algo

[39] Santa Teresita del Niño Jesús

[40] de balde: sin frutos o sin importancia.

 

[i] cfr. Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Rm. 1, 17

[ii] Comm in Ep. Ad Hebraeos c. 4, lect. II; De Commendatione II

[iii] cfr. Encíclica Spiritus Paraclitus

[iv] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Jeremías 48, 30

[v] Fue el Obispo de Mons. Straubinger

[vi] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a 1 Cor. 1, 30

[vii] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Sal. 118, 30

[viii] Monseñor Juan Straubinger. Comenario a Sal. 118, 120

[ix] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Gal. 3, 3

[x] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Sal. 9ª, 20-21

[xi] Escribe Mons. Straubinger: “Una de las cosas más sorprendentes del Cristianismo, para el que lo mirase como una mera regla moral sin espiritualidad, es ver cuántas veces los reprobados por Dios son precisamente los que quieren multiplicar los preceptos, como los fariseos…” (Comentario a Gal. 3, 5)

[xii] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Gal. 3, 5

[xiii] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Gal. 3, 5

[xiv] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Jer. 23, 33

[xv] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Jn. 14, 23

[xvi] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Gal. 3, 5

[xvii] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a I Tes. 2, 18

[xviii] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Rm. 3, 2. 22. 30

[xix] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Rm. 3, 2. 22. 30

[xx] “Como observa un escritor, no se puede odiar, por amor de Dios, una raza a quien El ama todavía, ni despreciar al linaje de Abrahán, al cual los cristianos hemos de pertenecer por la fe, por donde todos “espiritualmente somos semitas” (Pío XI)” Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Is. 61, 9.

[xxi] L. Alonso Schockel-J. Mateos. Primera Lectura de la Biblia

[xxii] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Ecclo. 24, 38

[xxiii] Monseñor Juan Straubinger. Introducción a las Cartas de San Pablo

[xxiv] Verbum Dei, Comentario a la Sagrada Escritura, tomo 1. Autores: Orchard, Sutcliffe, Fuller, Russell. Herder. 1959

[xxv] Verbum Dei, Comentario a la Sagrada Escritura, tomo 1. Autores: Orchard, Sutcliffe, Fuller, Russell. Herder. 1959

[xxvi] Verbum Dei, Comentario a la Sagrada Escritura, tomo 1. Autores: Orchard, Sutcliffe, Fuller, Russell. Herder. 1959

[xxvii] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Rm. 1, 17

[xxviii] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a 1 Cor. 1, 30

[xxix] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Bar. 3, 15

[xxx] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Ex. 23, 30

[xxxi] Exhortación Postsinodal Verbum Domini, nº 55

[xxxii] Sacrosanctum Concilium 56

[xxxiii] H. Ch. Chery, Comunidad Parroquial y Liturgia. 1959

[xxxiv] cfr. P. Carlos Buela, Mi Parroquia, 2013, pag. 19

[xxxv] Prólogo a edición del Nuevo Testamento publicado por el P. Carmelo Ballester Nieto, C.M., Barcelona, 1934.

[xxxvi] Citado por Monseñor Juan Straubinger en Cien Testigos, en La Iglesia y la Biblia. Testigo nº 92

[xxxvii] Imitación de Cristo IV, cap. 11

[xxxviii] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Apoc. 11, 12

[xxxix] Santa Teresita del Niño Jesús. Historia de un Alma, cap. 11

[xl] Mons. Keppler. Citado en Straubinger. Comentario a Jn. 3, 16. Y añade: “Debiera éste versículo ser lo primero que se diese a conocer a los niños y catecúmenos”.

[xli] Biblia y Predicación, Prólogo

[xlii] Monseñor Juan Straubinger. Comentario a Ez. 3, 1

[xliii] Divino Afflante Spiritu, nº 31

[xliv]Abate José Laloux, La Biblia y el Sacerdote

[xlv]El Apokalypsis de San Juan

[xlvi] Abate José Laloux, La Biblia y el Sacerdote

[xlvii] La Biblia y la Predicación, p. 299

[xlviii] Spiritus Paraclitus, nº 48.50

[xlix] Providentissimus Deus, nº7

[l] Benedicto XV, Spiritus Paraclitus, nº 57

[li] La Biblia y la Predicación, p. 280

[lii] Abate José Laloux, La Biblia y el Sacerdote

[liii] Benedicto XV, Spiritus Paraclitus, nº 57

[liv] Sermo 179,1: PL 38, 966

[lv] AAS 84 (1992), 698

[lvi] Los siete dones del Espíritu Santo, Col. 4, 18

[lvii] La Maison-Dieu, 16, 1948

[lviii] P. Horacio Bojorge, S.J., Estas son aquellas palabras mías, pag. 129

[lix] cf. Optatam Totius 16

[lx] P. Horacio Bojorge, S.J., Estas son aquellas palabras mías, pag. 103

[lxi] Biblia y Predicación, Prólogo

[lxii] Card. Gomá, Biblia y Predicación, Cap. VI

[lxiii] Card. Gomá, Biblia y Predicación, Prólogo

[lxiv] Jesús San Clemente Idiazabal, Iniciación a la Biblia para seglares, DDB 1981

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Un comentario

  1. armando nij ramirez

    Gracias padre Leonardo por estos sabios consejos

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